Pide ayuda, sufre mal de Parkinson

A Miguel Mora sólo lo auxilia su vecina; necesita apoyo para medicinas y pañales

CIUDAD VALLES.- Miguel Ángel Mora Zúñiga tiene 41 años de edad y está completamente incapacitado por el mal de Parkinson en una zahúrda a la que apenas se le puede llamar casa, y no se ha muerto en medio de esas agitaciones infinitas solamente por una obra parecida a la de la Providencia, ya que una vecina de 67 años de edad es quien lo cuida en el infierno de dejar de ser un hombre independiente para volverse un manojo de movimientos bruscos como salidos de una maldición. 

A cada rato pide a Panchita Chávez Aguirre, su angelical vecina, que le sostenga de la nuca y que empuje su cabeza para adelante porque está tan descontrolado de sus movimientos que se va hacia atrás sin poder detener la inclinación, como quien resbala en un declive. 

Durante seis horas del día puede tener un relativo descanso: cuando toma sus pastillas de “Cloisone” un fármaco que contiene Levodopa y Carbidopa que son sustancias que se utilizan para tratar los síntomas de la enfermedad de Parkinson, que es un trastorno del sistema nervioso que causa afectaciones graves en el movimiento y que hunde al enfermo en temblores que lo dejan sin poder vivir. Cuando toma la píldora deja de temblar espasmódicamente para hacerlo ligeramente y luego de dos horas regresa a la misma situación.  Durante un par de horas los temblores disminuyen, pero cuando intenta levantarse y andar, se derrumba porque las piernas no tienen más fuerzas, por la atrofia de estar sentado y por la misma movilidad espasmódica que no cesa.

LA CASA DE MIGUEL ÁNGEL

La casa de Miguel Ángel es un complejo incompleto de paredes sin revocar que alcanzó a levantar su hermano, Pepe, que está ausente casi todo el tiempo porque trabaja de albañil en el centro de la ciudad. Está en medio de un monte bajo, en una zona que nadie se atrevería a llamar urbana y que se denomina “Ampliación Las Águilas” y ahí nadie tiene teléfono fijo ni celular ni nada. Comen lo que alcanza a cocinar Panchita y que por lo regular son frijoles y toleran la pobreza extrema en la que viven porque en la hondonada donde están metidos no pueden comparar su triste situación con nadie más. 

El DIF municipal suele llevarle la medicina ya descrita cuando la puede costear, - una caja con 100 pastillas que le dura un mes cuesta 1 mil 500 pesos-, cifra que nunca ha visto junta Miguel Ángel, desde que mira el mundo desde una silla acojinada con una esponja para evitar las llagas. 

Hace 10 años empezó con el problema y un doctor Elizondo al que menciona como una eminencia le dijo que el origen de la enfermedad pudo haber sido por una gran impresión, aunque el mismo Miguel Ángel cree que todo derivó de una pedrada en la nuca que le propinó un amigo suyo, cuando eran niños. 

-En medio de la confusión de su voz trémula no se supo si por su edad le dan apoyo del Gobierno federal para discapacitados (solamente estaban entregando ayudas a menores de 29 años), o no, pero sobra decir que en su incapacidad, con la ayuda de una mujer como salida de una tierna historia de streaming y con un hermano que se tiene que ausentar para poder llevar casi nada a la mesa, necesita asistencia pronto. 

Por eso están los teléfonos del DIF, el 4813820501 y el de emergencias 4811566378 para hacerle llegar apoyos en medicinas, despensa, pañales, comida o atención médica más continua, porque han perdido consultas su hermano y él debido a que es difícil transportarlo fuera del monte donde viven hasta donde pasan los taxis. El Parkinson es incurable, pero quizá muchos lo apoyen, ya que la vida se ha ensañado con él.