Finalmente, el milagro no se hizo. Atlético de San Luis se quedó en la orilla, en el último encuentro celebrado ayer a mediodía en la cancha del monumental Estadio Jalisco. El cuadro rojiblanco que representa a nuestra capital, perdió 2 goles a 0 ante los Leones Negros de la U de G, en el que era el partido decisivo, pero lamentablemente lo perdió, quedando fuera de la liguilla campeonil.
El cuadro rojiblanco bajo la dirección de Luis Alfonso Sosa, no había perdido desde que el técnico jalisciense asumió el mando de la filial del Atlético de Madrid. A esta decisiva confrontación llegaba enrachado, pero finalmente no pudo concretar el objetivo de calificar, al caer coincidentemente ante los Leones Negros, el equipo del que fue jugador y entrenador anteriormente.
Sosa y sus jugadores, perdieron el encuentro decisivo, ante los Leones Negros, dirigidos por Jorge “Vikingo” Dávalos, su excompañero de juego hace ya algunos años, y con el que también llegó a formar parte del cuerpo técnico de la oncena estudiantil tapatía.
Finalmente, Atlético de San Luis terminó colocado en el décimo lugar de la clasificación general, con 20 puntos, muy cerca de haber calificado. La campaña, debe ser calificada como irregular, pese a ir de menos a más, y aun cuando bajo la dirección técnica de Sosa solo perdió un partido, el daño ya estaba hecho desde el inicio de la campaña.
Soy de los que piensan que Atlético de San Luis fracasó en los dos torneos en su intento de colarse a la liguilla, en su afán de pelear el ascenso, en el primero usted amigo lector y aficionado, ya conoce la historia, y en el segundo, aun cuando se tuvo un repunte esperanzador bajo la dirección técnica de Sosa, no se pudo cumplir con el objetivo, debido a que el daño ya estaba hecho desde el arranque del torneo, y en el que deben y tienen responsabilidad compartida, jugadores, dirigentes y el exentrenador Francisco Molina. A ellos hay que pedirles cuentas y explicaciones.
El décimo lugar no correspondió de ninguna manera al plantel que se tiene, y a los sueldos que cobran los jugadores, sobre todo aquellos que tienen jugosos contratos, y cuyo rendimiento disparejo o irregular dejó mucho que desear, pues si el equipo hubiera jugado desde el principio de campaña como lo hizo cuando llego Sosa, ahorita estaríamos hablando de una clasificación anticipada.
En sus 15 partidos, el cuadro local ganó un total de seis, empató dos y perdió 7, anotando 18 goles a favor y recibiendo 22 en contra, para una diferencia de menos 4, para un total de 20 puntos.
En casa el Atlético de San Luis, tuvo una pobre y mediocre actuación, pues de siete partidos celebrados en la cancha del estadio Alfonso Lastras, solo ganó 2, empató 1 y perdió 4, anotando 7 goles y recibiendo 11, para una diferencia de menos 4.
Como visitante, los rojiblancos jugaron 8 encuentros, de los que salieron triunfadores en 4, igualando 1, y perdiendo 3, anotando 11 goles y recibiendo igual número de anotaciones, consiguiendo sumar 13 puntos por 7 que sumó en casa. Ahora a pensar en el próximo torneo, evitar caer en los mismos errores. La permanencia de Sosa en el timón se debe de dar por descontado.
LA DESHONESTIDAD PERMEA AL FUTBOL AFICIONADO
En recientes torneos infantiles y juveniles, tanto de la rama femenil como varonil, celebrados en esta capital, se detectaron y comprobaron dos o más casos de cachirules, por lo que los organizadores decidieron actuar con mano firme, al eliminar de la competencia a los infractores, pero esto no debería quedar así, y sancionarlos definitivamente del evento y del futbol organizado.
La vieja y deshonesta práctica de los cachirules se sigue dando, por gente sin ética, ante la complacencia de padres de familia, y la complicidad de entrenadores y futbolistas, que aceptan suplantar identidades, cosa que está penada por la ley.
No se vale querer ganar de esta manera. En el futbol infantil y juvenil se debe fomentar y promover valores y principios, erradicar la deshonestidad y la falta de ética, que como sociedad y país nos tiene hasta el gorro. El deporte debe ser formativo y parte de la educación integral que niños y jóvenes deben recibir en su casa y en la escuela.