Ayer se cumplieron 33 años del fallecimiento de uno de los mejores beisbolistas potosinos de todos los tiempos, el lanzador Ramiro Cuevas Guzmán, nacido en Ébano, San Luis Potosí, fue el primer pitcher en lanzar un juego sin hit, ni carrera en la Liga Mexicana de Beisbol, hazaña que lo hizo en varias ocasiones de manera profesional.
A lo mejor las nuevas generaciones no lo conocen, pero en San Luis Potosí se jugaba buena pelota y había muy buenos exponentes del rey de los deportes, corría el año de 1953, en el mes de agosto, y en el Distrito Federal, en el mítico Parque Delta se enfrenten los Diablos Rojos de México y los Tecolotes de Nuevo Laredo, en donde los capitalinos eran marcados como súper favoritos para llevarse el partido.
Este 14 de agosto, los aficionados presentes fueron testigos de la labor del joven lanzador de Ébano, San Luis Potosí, Ramiro Cuevas Guzmán, quien lanzaba esférica tras esférica eliminando bateadores, y de la gran hazaña que se consumiría al final del partido al lanzarse el primer juego perfecto, es decir, sin carrera, hit, ni base.
Partidos registrados sin hit ni carrera ya se habían presentado en los circuitos de beisbol, de hecho, Cuevas realizó uno, pero el llamado juego perfecto, el que consagra a todo lanzador, era desconocido hasta ese momento en nuestro país.
Las reseñas indican que el juego empezó sin grandes expectativas, hasta se podría decir que nadie esperaba nada de él. Al estadio acudieron pocas personas, pues la noche fue más fría de lo esperado y el equipo visitante tampoco llamaba mucho la atención. Con el transcurrir de las entradas, los fanáticos se percataron de que más allá de la victoria o derrota, el pícher visitante estaba consolidando un partidazo.
Una, dos, tres entradas. Hasta aquí todo normal: un duelo parejo que apenas permitía la primera carrera norteña. Cuatro, cinco, seis, siete entradas sin que Cuevas dejara a los rivales siquiera suspirar por la primera base. Con timidez se escuchó por ahí alguna loa a sus lanzamientos, pero ya para la octava entrada el apoyo de los conocedores aumentó y hasta los propios aficionados de los Diablos aplaudían cada cañonazo que salía del brazo de Ramiro.
Al llegar la novena el apoyo era total. Desde que subió al montículo recibió aplausos de todo el mundo. Los locales jurarían que eran visitantes. Todos estaban con Ramiro Cuevas. Todos querían ser testigos de ese histórico hecho. ¡Pero pasaba algo en la banca de los Diablos! El entrenador llamaba a la dignidad deportiva a sus jugadores y con todo el aplomo del mundo se disponía a salir como bateador emergente. Un histórico del beisbol mexicano José Luis “Chile” Gómez.
El público se paralizó. Los jugadores se enfrentaron con la mirada. Cuevas arrojó la pelota y el Chile la contactó. Parecía que se derrumbaba el juego perfecto, pero el golpe fue malo y el segunda base de Nuevo Laredo atrapó el roletazo, envió a primera la esférica y todo terminó.
Era otra época y los pocos asistentes entraron al campo para felicitar al jugador, quien salió en hombros. Un histórico del beisbol nacía en ese momento.