PROGRESO, Argentina.- El dolor en el rostro de la madre de Emiliano Sala, Mercedes, consolada por su amigo en el Nantes, Nicolas Pallois, y el de su padre, Horacio, confortado por el director técnico del Cardiff, Neil Warnock, resumieron la tristeza de la última despedida de todo un pueblo argentino al futbolista fallecido en un accidente aéreo en el Canal de la Mancha.
Hubo mucha tristeza, dolor, silencios, momentos sobrecogedores el sábado en el último adiós al hijo más conocido de Progreso, un pequeño pueblo en la provincia de Santa Fe situado a más de 540 kilómetros al norte de Buenos Aires, a donde el sábado llegó el cuerpo del futbolista, tras un largo periplo iniciado en un vuelo procedente de Londres.
Sala se hizo mundialmente famoso cuando la avioneta en que viajaba de Francia a Gales se desvaneció sobre el Canal de la Mancha. Pasaron varios días hasta que se confirmó su muerte en un accidente sobre el que aún quedan muchas preguntas sin respuesta.
La cremación en el cementerio de Santa Fe fue uno de los momentos más dolorosos para todos, con decenas de personas llorando al unísono y rompiendo en aplausos espontáneos, a los que se sumaron Warnock y el director general del club, Ken Choo.
El pueblo entero conocía a Emiliano, “Emi”, desde pequeño y seguía con fervor todos sus pasos hasta llegar a la gran promesa del fútbol europeo.
“Emi nunca caminarás solo” rezaba una de las pancartas que se podían ver en Progreso el sábado donde todo el pueblo desfiló de a uno, portando su infinito cariño y algunas flores, para decir adiós al jugador, humilde, apegado a sus raíces y que regresaba a su casa cuando sus compromisos se lo permitían.
Los restos del jugador fueron velados públicamente en el club San Martín de Progreso, donde de niño dio sus primeros pasos como jugador. Luego de una ceremonia religiosa a la que no pudieron acceder las cámaras, el ataúd con los restos de Emiliano fue sacado de las instalaciones por casi una decena de personas encabezada por su amigo y compañero Pallois, por el padre y hermano de Emiliano y recibido por una multitud rota que se batió en cerrados aplausos. Entre ellos muchos niños portando la camiseta del San Martin, con lágrimas en los ojos.