La segunda corrida de toros en la Monumental “El Paseo-Fermín Rivera” tuvo emoción, sustos y una actuación triunfal del queretano Diego San Román, quien terminó por conquistar la noche al cortar tres orejas, mientras que el español Román Collado se quedó cerca del triunfo y Arturo Gilio II tuvo una jornada complicada. Con tres cuartos de entrada en los tendidos, la afición potosina respondió a la segunda llamada de la temporada y disfrutó una corrida de toros de Arroyo Zarco.
El español Román Collado abrió plaza con “Maricucho”, toro negro de 450 kilogramos. El valenciano comenzó con buenas verónicas y posteriormente encontró condiciones para desarrollar una faena de muleta que fue de menos a más. El toro respondió a las propuestas del español, quien llegó a repetir hasta tres tandas, mostrando buen trato y disposición. Román se fue por la espada y consiguió una estocada entera, aunque el ejemplar no dobló, por lo que tuvo que recurrir al descabello, acertando en el primer intento. Después de un aviso, el valenciano escuchó aplausos desde los tendidos.
El segundo de la tarde fue para el queretano Diego San Román, quien recibió a “Risueño”, colorado de 485 kilogramos. Con el capote mostró buen manejo, aunque el toro se presentó distraído durante algunos momentos de la lidia. En la muleta, cuando parecía encontrar las mejores condiciones, San Román consiguió grandes derechazos que hicieron crecer la expectativa en los tendidos. Sin embargo, la espada no acompañó la faena. Falló en el primer intento y consiguió la estocada en el segundo. La autoridad otorgó un aviso, mientras que el público reconoció su labor con una ovación.
El tercero correspondió a Arturo Gilio II, quien enfrentó a “Vaquero”, colorado de 452 kilogramos. El ejemplar mostró condiciones que le permitieron destacar durante la lidia y fue reconocido posteriormente con arrastre lento. Gilio intentó aprovechar las embestidas con la muleta, pero la suerte suprema se convirtió nuevamente en el principal obstáculo. Dos pinchazos y dos descabellos fueron necesarios para poner fin a la faena, por lo que el torero coahuilense terminó escuchando aplausos.
En el cuarto turno volvió a aparecer Román Collado, ahora frente a “Don Efrén”, el ejemplar más pesado de la noche con 496 kilogramos. El español tuvo un buen comienzo con el capote, aunque el tercio de banderillas fue discreto. Con la muleta aparecieron momentos interesantes, especialmente con derechazos y naturales que permitieron a Román mostrar nuevamente su concepto taurino.
Pero la faena terminó por complicarse. Una estocada corta no fue suficiente y llegó el aviso. El valenciano tuvo que utilizar el descabello hasta en cinco ocasiones, situación que provocó molestia entre algunos aficionados y terminó con pitos para el torero español.
La noche comenzó a tomar otro rumbo con el segundo toro para Diego San Román: “Soñador”, negro girón de 445 kilogramos. El queretano inició con verónicas, aunque nuevamente el tercio de banderillas dejó que desear. Pero todo cambió durante la faena de muleta.
En uno de los momentos más dramáticos de la corrida, San Román sufrió un fuerte susto cuando, tras un muletazo en falso, el toro estuvo a punto de llevarse por delante al torero. El queretano cayó, pero rápidamente se repuso y regresó a la cara del toro. Con mayor serenidad, encontró buenos derechazos y terminó por recuperar el control de la faena. Entonces llegó la espada. San Román consiguió una estocada en el primer intento, la mejor hasta ese momento de la noche, y la autoridad concedió una oreja.
El sexto toro fue para Arturo Gilio II. “Gitano Señorío”, negro de 475 kilogramos, permitió una lidia más tranquila en el tercio de banderillas. Con la muleta, Gilio buscó construir una faena de mayor peso, aunque sin conseguir que terminara de tomar vuelo. La espada tampoco fue la ideal: una media estocada, tendida y caída, aunque ejecutada en el primer intento, terminó siendo suficiente para que el toro doblara. La actuación concluyó entre división de opiniones en los tendidos.
Cuando parecía que la corrida había llegado a su final, Román Collado decidió quedarse con la espina clavada y pidió un toro de regalo. Apareció “Galáctico”, cárdeno de 440 kilogramos, con el que el valenciano volvió a mostrar su voluntad de cerrar la noche de otra manera.
El tercio de banderillas nuevamente fue poco efectivo, pero con la muleta Román consiguió mejorar considerablemente. Derechazos y naturales dieron forma a una faena que tuvo mayor conexión con la afición. A la hora de matar, consiguió la estocada en el primer intento, aunque tuvo que recurrir posteriormente al segundo descabello. La labor terminó con ovación.
El segundo regalo fue para Diego San Román, quien enfrentó a “Potosino”, negro cinchado calcetero de 475 kilogramos. Desde el capote, el queretano mostró maestría y rápidamente conectó con los aficionados. El tercio de banderillas fue, de acuerdo con lo visto en la plaza, el mejor de toda la noche, elevando el ambiente en los tendidos.
Llegó entonces el tercio de muerte y San Román mostró temple, serenidad y mesura. En uno de los momentos de mayor tensión, un descuido permitió que el toro levantara al torero, provocando el sobresalto de la plaza. San Román volvió a levantarse y regresó a la cara del ejemplar, recibiendo el reconocimiento de una afición que ya estaba entregada a su actuación. La estocada llegó al primer intento. El toro tardó en doblar, pero finalmente lo hizo y la autoridad reconoció la faena con dos orejas.