UNA CLÍNICA PROVECHOSA
Hacía tiempo no asistía al Bol Tangamanga y el domingo pasado me decidí a ir pues uno de los grandes exponentes del boliche internacional, el campeón Amleto Monacelli, impartía una clínica a un grupo de entusiastas practicantes de este bellísimo deporte.
El impacto de las bolas contra los indefensos pinos allá al fondo de las pistas, me parecía casi musical, como una sinfonía en ascenso, pues tras muchos años de jugar al boliche y luego de un forzoso retiro a causa de mi problema visual y la pérdida de fuerza en las rodillas, volver a la catedral del boliche es como reencontrarse con un antiguo amor nunca olvidado.
Cosa curiosa: en mi juventud mi debilidad eran las damas, los tragos, las parrandas con los amigos, las interminables noches de bohemia, jugar futbol en el llano, las aventuras periodísticas, el reto de aprender de mi prójimo… ahora mi debilidad ¡es visual! qué cosa.
Casi una veintena de bolichistas locales atendía las indicaciones del campeón que juega regularmente en Las Vegas. Su experiencia desde luego que fue aprovechada por los asistentes a la clínica pues pocas veces tenemos la oportunidad de abrevar de la sapiencia de gente tan valiosa como Amleto.
Iba con la idea de toparme con una gran cantidad de jugadores abarrotando las doce mesas de la planta baja y me sorprendió la reducida asistencia. Comprendí desde luego que muchos potosinos estaban fuera de la ciudad a causa del kilométrico “puente” vacacional y por consecuencia, sólo unos cuantos bolichistas asistían a la clínica del señor Monacelli.
Pero lo hicieron los más distinguidos, ésos que en verdad aman al deporte de las chuzas, los spares y hasta de las canales. Con gran atención escucharon la docta palabra de Amleto, quien les habló del juego mental, del movimiento de la bola y del trabajo en las pistas, en las cuales nuestros bolichistas se desplazaron en innumerables ocasiones para lanzar sus proyectiles hacia la piña allá en el fondo de la pista.
El señor Monacelli ha sido inducido al Salón de la Fama del Boliche en los Estados Unidos, juega en Las Vegas y ha logrado muchísimos juegos perfectos. Así que sus enseñanzas fueron bien aprovechadas por sus alumnos en la clínica.
Por allí surgió el comentario de que ha destacado relevantemente en este deporte, haciendo más chuzas que cien jugadores juntos, porque “sus bolas las tiene bien amaestradas”.
“Nos corrigió la técnica de tiro”, comentó don Marco Lárraga. Y esto desde luego que se reflejó en una mayor efectividad para derribar la piña.
La clínica en el Bol Tangamanga fue un positivo acierto. Ah… y para que los pibes se inicien en este inigualable deporte, el día 30 del mes próximo se iniciará la Escuela de Boliche para Niños. Inscríbalos. Ellos se lo agradecerán.
LÁSTIMA, SAN LUIS
Era el juego decisivo y lo perdieron ante los Leones Negros. Lástima, rojiblancos del Atlético de San Luis, pero ustedes habían remado heroicamente contra la corriente y tras cargar con la ignominia del “farol rojo” del torneo, supieron levantarse, jugar bien, ganar y acumular tantos puntos como para soñar con la clasificación a la liguilla.
Desgraciadamente, el anterior técnico venido de la península española y cuyo nombre no quiero recordar, había causado la caída del equipo, pues no supo amalgamar la calidad de los jugadores y sumó una y otra y otra derrotas. Afortunadamente la directiva del club se deshizo de sus fatales servicios, contrató a Poncho Sosa y éste sí pudo conducir el barco potosino a buen puerto. Lástima que al final no le alcanzó el puntaje para acceder a la liguilla para dar un paso hacia el título del ascenso.
Como decimos en el llano: “Ahí pa’ la próxima”. Y realmente esperamos que esto suceda, pues San Luis es una inmejorable plaza de Primera División y sus aficionados se distinguen por su fidelidad a los colores azul y oro de su equipo, aunque ahora lo enfunden en la casaca rojiblanca del Atlético de Madrid.
Así las cosas, hasta el martes próximo, DM.