El Pibe en pulso

Ayer fue Día del Niño y ¿hoy ya no?

TODOS los días son para ellos, para quienes realmente representan el futuro de México, argumento que esgrimen los de la clase política para envolver a los incautos ciudadanos para que los elijan y les abran la puerta de la riqueza mal habida.

Ayer todo era: “Deja salir al niño que llevas dentro”. Vaya… ni que fuéramos una rosca de reyes para que algún afortunado nos saque de la deliciosa harina horneada y prometa aportar los tamales en la fiesta siguiente el 2 de febrero.

Tampoco estamos “embarazados” para dejar que ese niño que “todos llevamos dentro”, surja a la luz. Seguramente quienes pretendieron aconsejar a sus congéneres para que recuerden que en su niñez fueron mejores que en la edad adulta, con mejores palabras, como “deja que tu espíritu infantil siga iluminando tu vida”. Así de sencillo.

Hoy, como todos los días, démosle gusto a los chicos, a los niños que tanta felicidad nos aportan con su carita candorosa, con sus preguntas sorprendentes, con su actitud de alegría y extraordinario dinamismo.

¿Niños mexicanos para recordar éste y todos los días del año? Ahí le van unos cuantos:

Los Campeones de la Serie Mundial Infantil de 1957, cuando escribieron la portentosa hazaña de ganar el gallardete de las ligas pequeñas ¡con un juego perfecto! Es decir, sin que ninguno de sus rivales llegara a la primera base

¿Otros? Los invaluables niños triquis, surgidos de la gloriosa población indígena de Oaxaca. Con su inigualable calidad de juego, han recorrido innumerables canchas de basquetbol en el mundo. Niños de pueblos olvidados quienes con sus pies descalzos han ofrecido el mejor basquetbol (baloncesto, en nuestro país) en sus giras intercontinentales a las cuales han sido llevados.

¿Más niños sorprendentes? Los que sábado a sábado van a gozar de su deporte favorito en el Bolerama Tangamanga. Ellos forman un extraordinario grupo de niños especiales, es decir, con capacidades diferentes, y han abrazado el boliche como su deporte predilecto.

Hay que verlos en plena acción. Son realmente especiales, desde la forma de coger la bola, pararse en la zona de tiro, desplazarse con singular prestancia haciendo el péndulo admirablemente: luego hacen su lanzamiento con mucha calidad y la bola recorre la mesa y derriba la piña de los diez pinos allá al fondo.

Hay niños futbolistas, nadadores, clavadistas, tenistas, toreros, montañistas, scouts, golfistas, montañistas, atletas, dominadores de todo tipo de deportes.

Pero la niñez potosina no sólo se distingue en la actividad física. No. Muchos de nuestros pequeños sobresalen en sus estudios, desde los primeros años de su educación. Cuántas veces hemos sido testigos de sus notables logros en las olimpiadas de matemáticas y de cultura general. Y por supuesto que nos sentimos orgullosos de semejantes conquistas infantiles.

Por eso, todos los días son Días del Niño. No sólo ayer. A aquellos pequeños seres que la vida no ha tratado con más bendiciones que la propia existencia, debemos de brindarles cariño, comprensión, ayuda, orientación, una sólida oportunidad para que salgan de sus carencias y tengan la oportunidad de mejores horizontes para su vida futura. Muchos de ellos trabajan arduamente día a día para llevar un poco de dinero a su humilde familia.

Y aquí sí que dejaríamos salir el espíritu infantil que llevamos dentro, para solidarizarnos con los niños que proceden de los hogares humildes, olvidados, maltrechos y con poca esperanza.

Es el tiempo de reflexionar para tenderles la mano. Si a los pequeños deportistas, a quienes tienen la oportunidad de estudiar, a los que Dios les ha dado padres responsables, se les ha guiado en su pequeña vida, pensemos seriamente en darles una esperanza tangible a los que sufren marginación. ¿Por qué no adoptar a uno que no tiene padres?

Abrámosles el camino de la educación, de la comprensión, del horizonte halagüeño al cual tienen todo el derecho como seres humanos.

Hagamos de éste y de todos los días ¡Tiempo del Niño! Y así podremos enorgullecernos de enaltecer el espíritu infantil que todos llevamos dentro.

Hasta el martes próximo, D.M.