Pocos lugares había para practicar algún deporte en aquellos años. Y también muy pocas actividades deportivas eran difundidas entre la niñez de la mitad del siglo anterior. Tal vez por eso, San Luis no figuró preponderantemente en las hazañas deportivas a nivel nacional y, por consecuencia, a nivel internacional.
¿Qué más practicaban los niños de esa lejana época? El beis y el softbol, el atletismo, el frontón a mano y las tablas gimnásticas. No siempre el deporte ha sido tan impulsado como en nuestros días.
Algunos grandes deportistas: José Pamplona Lecuanda y Nicho de la Vega, en el basquetbol. Felipe Liñán y Herculano Fraga, en el ciclismo, Juvencio Montoya en el futbol de la Zona Centro, Emilio “Cácaro” López en el basquetbol olímpico; Panchillo “Conde” Ramírez, Jesús “Chuca” Luna y “Perico” Esparza en el beisbol; los hermanos Matus en el tenis del Deportivo Ferrocarrilero; “Juanolas” Arredondo también en el deporte albo, “Lobo” Puente en el rey de los deportes; Vito Moreno y Ramiro “Canguro” Muñoz, en el boliche; Bernardino Pichardo “El rey descalzo”, Panchito Muñiz y Albino Cázares en las carreras pedestres; Arnoldo Narváez, el “Padre” Benjamín Gutiérrez, “La Marraqueta” Díaz de León y Julio “Caña” Guerrero, en el deporte ráfaga;.
La lista podría ampliarse si los lectores me ayudan a completarla.
En las escuelas, como en el Centro Escolar Manuel José Otón, dirigido en aquellos años por el ilustre pero enérgico profesor Lino Gómez, sólo el beis y el softbol eran casi una obligación para el alumnado.
Uno de los más notables softbolistas fue mi compañero Rosalío Arellano, eterno cuarto bat del equipo que vestía con playera guinda y pantalón blanco. Jorge Gómez “La Malilla”, extraordinario dibujante y apasionado de la pintura (se dedicó “pintar casas a domicilio”) era jugador de cuadro. Bueno, por cierto.
Otro buen beisbolista fue Raúl Martínez, con quien tuve una ruda práctica boxística en la calle de Fernando Rosas, no le gané, pero cómo le han dolido los puños cuando los estrelló en mi rostro.
Otro inolvidable compañero fue Elías Carreras, también softbolista y buen jugador de frontón pero quien se inclinaba más por la declamación.
Nunca pude incorporarme al equipo de soft a causa de mi corta estatura, pues a los once o doce años de edad, seguía siendo “pariente del suelo”. Cuando hacíamos “fila”, yo era el penúltimo en estatura y que conste: éramos 45 en el sexto año.
Igual que a Messi, el estrella refulgente del Barcelona, a mí también me apodaron “Pulga”, aunque nunca jugué ningún deporte masivo y menos futbol, pues en aquellos años no era tan popular como en nuestros días.
Cuando mucho, el maestro Porfirio Vega nos “armaba” con aquellos viejos rifles de madera para hacer tablas gimnásticas que presentábamos en los desfiles deportivos, como el del 20 de noviembre, marchando por las calles céntricas de la ciudad.
¿Algunos nombres más de mis condiscípulos? Alfredo y Antonio Méndez, Antonio Sánchez, Adolfo Vázquez, Carlos Moreno, Cirilo Nava, Daniel Martínez, David y Ramón Puente Zúñiga, J. Cruz Navarro, Miguel Martínez M., David Segura, Ezequiel Loredo, quien fuera más tarde un excelente panadero: Ernesto Medina y Gilberto Campos.
Filiberto Juárez, Federico Lucio, Fermín Rivera (y no precisamente el matador de toros) Félix Torres, quien en su juventud y en su edad adulta fue un extraordinario prestador de servicios en restaurantes y salones de fiestas), Fernando Vázquez.
El chiapaneco Guillermo Malpica M., Gildardo Ramírez B., Humberto Silos R., quien siguió la hermosa carrera de Medicina y se tituló de médico de excelencia. Jorge Almendáriz, Juan Galván y José G. García, a quien apodábamos el “Tatata”.
J. Jesús Luna, José Ortega, Juan Patlán, uno de los más entusiastas porristas del equipo San Luis, de futbol; José de Jesús Vázquez, Luis Rocha, Luis Serrano, Martín Loredo, Pedro Sánchez “La perica”, Pablo Orta, Rogelio Gutiérrez, quien fuera un valioso colaborador de las estaciones de radio locales. Ricardo Ramírez, Santiago Mata, Ubaldo Vargas y Valentín Roque.
Muchos de ellos han dejado la vida terrenal y viven cerca de Dios. Algún día, amigos queridos, volveremos a vernos para prolongar eternamente nuestra amistad.
Así las cosas, hasta el martes próximo, D.M.
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