AUSTIN.- Lewis Hamilton tiene un idilio con las colinas y arbustos de la zona central de Texas.
Es fácil entenderlo. El piloto de Mercedes prácticamente ha sido invencible cuando compite aquí, con cinco victorias en el Gran Premio de Estados Unidos desde 2012, destacándose la que le permitió asegurarse el campeonato en 2015.
Austin se perfila como el escenario ideal para otro logro.
Con otro campeonato al alcance el domingo, el británico quedará segundo en los libros de historia de la Fórmula Uno, a un paso de alcanzar la cima.
Hamilton acaricia el sexto título de su carrera, con lo que dejará atrás al argentino Juan Manuel Fangio, el “Padrino” de los pilotos de la F1, y se pondría a uno de los siete ganados por el alemán Michael Schumacher, el campeón más grande del deporte.
No deberá ser una tarea muy complicada. Quedar octavo el domingo le alcanzará.
“Ha sido un sitio favorable para mí, así que estoy muy entusiasmados de presentarme y ver si podemos cumplir con el trabajo”, dijo Hamilton. “Confiamos hacer una buena carrera”.
Está casi que minimizando sus opciones. No hay mucho motivo para hacerlo en este momento.
Hamilton estuvo cerca de sentenciar el campeonato la semana pasada con su inesperada victoria en la Ciudad de México, pero el tercer puesto de su compañero Valtteri Bottas prolongó por una semana más la pelea por el título. Bottas es el único piloto con posibilidades matemáticas, pero remotas.
“Me da igual”, dijo Hamilton tras quedarse corto la semana pasada. “Me encanta competir”.
Hamilton no ganó en Texas el año pasado, quedando tercero. Kimi Raikkonen cruzó primero la meta con su Ferrari.
Pero estuvo espectacular en México la semana pasada, al llevarse su décima victoria de la temporada en un circuito que favorece más a sus rivales Red Bull y Ferrari.
Hamilton es esencialmente la carta de presentación para la F1 en Estados Unidos, donde trata de generar atención. Aún joven y elegante a sus 34 años, activista ambiental en sus redes sociales, Hamilton es vital para la promoción del serial en Estados Unidos, lo cual no ha sido tan expedito como los directivos de la F1 confiaban cuando regresaron a territorio estadounidense, desembarcando en 2012.