NUEVA YORK.- Llegar a las Finales de la NBA deja en claro que los Knicks de Nueva York y Spurs de San Antonio han tomado muchas decisiones inteligentes en el camino.
Se necesita una estrella, como es el caso de Jalen Brunson o Victor Wembanyama, pero también necesitan algo de ayuda y al entrenador adecuado.
Estas Finales, que comienzan el miércoles en San Antonio, también muestran que no hay una sola manera de lograr todo eso. De los 10 jugadores que los Spurs podrían tener en la rotación para esta serie, seis fueron seleccionados en el draft por San Antonio. De los 10 que podrían aparecer con los Knicks, solo uno fue seleccionado por Nueva York.
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Knicks vs. Spurs no es solo un choque por el título de la NBA, también es un choque de estilos: con el presidente de los Knicks, Leon Rose, que parece ajustar constantemente hasta encontrar la mezcla adecuada, y los Spurs que, en cambio, construyen a través del reclutamiento.
“Lo he dicho antes y lo seguiré diciendo: Leon y su personal han hecho un malditamente fantástico, fantástico trabajo”, afirmó Mike Brown, entrenador de los Knicks.
Ya fuera LeBron James, Kevin Durant u otra megaestrella, siempre existía la esperanza de que alguien terminaría por salvar a los Knicks —que están en las Finales por primera vez desde 1999. Se perdieron los playoffs 16 veces en las 27 temporadas que siguieron, incluida una racha de nueve años en la que no lograron ganar ni una sola serie de postemporada. Fuera cual fuera el enfoque, no estaba funcionando.
Construir un aspirante al campeonato requiere buena suerte. Los Spurs conocen bien esa parte, con una serie de golpes de fortuna en la lotería, incluido el que les permitió quedarse con Wembanyama en 2023, pero también buen liderazgo. Requiere decisiones audaces, como comprometer más de 100 millones de dólares con Brunson, elegido en la segunda ronda y que fue suplente con Dallas, o traspasar la enorme cifra de cinco selecciones de primera ronda para conseguir a Mikal Bridges, quien ni siquiera ha sido All-Star, pero se ha convertido en una pieza integral.
“Nos tomó mucho tiempo llegar hasta aquí. Se necesitó a todo un pueblo”, reconoció Keldon Johnson, alero de los Spurs.
Los Knicks pueden decir lo mismo. Solo que tomaron una ruta distinta.
Rose fue contratado en marzo de 2020. Su llegada se produjo casi al final de una temporada típicamente turbulenta en Nueva York, cuando el entrenador David Fizdale fue despedido temprano en la campaña, antes de que el equipo decidiera seguir sin su presidente, Steve Mills.
Uno de los primeros movimientos de Rose fue contratar al entrenador que establecería el estándar y la cultura de la organización: Tom Thibodeau. Aunque ganó, evidentemente no fue suficiente. Así que los Knicks recurrieron a Brown esta temporada, otro ejemplo de los ajustes constantes.
Los Spurs, en cambio, abrazan la continuidad. No han hecho una búsqueda de entrenador en más de tres décadas; Gregg Popovich se nombró a sí mismo entrenador en 1996 y, cuando sufrió un derrame cerebral en noviembre de 2024, Mitch Johnson lo reemplazó de manera interina antes de obtener el puesto de tiempo completo la primavera pasada.
“Este equipo ha sido bastante malditamente consistente durante mucho tiempo”, indicó Johnson.
No así los Knicks, que se convirtieron en el hazmerreír de la liga.
Miembros del Salón de la Fama como Isiah Thomas y Phil Jackson recibieron las llaves de la franquicia, solo para estrellarla. Jeff Hornacek perdió más de 100 partidos en dos temporadas, y Derek Fisher (96) y Fizdale (83) lo habrían hecho si hubieran podido terminar su segunda.
Agentes libres como Joakim Noah fracasaron. Altas selecciones del draft (Frank Ntilikina, Jordan Hill, Kevin Knox) resultaron decepcionantes, e incluso cuando los Knicks acertaron en algo, como seleccionar a Kristaps Porzingis, eran tan disfuncionales que él quiso irse. Tuvieron el peor récord de la liga con 17-65 en 2018-19.
El verano anterior a tropezaron en la agencia libre.