La hazaña auriazul de hace 50 años

El San Luis consiguió dos ascensos consecutivos en muy breve plazo. En tan sólo dos años llegó de Tercera a Primera División

Desde el año de mil novecientos cincuenta y siete, en que San Luis Potosí tuvo por primera ocasión un equipo de Segunda División, para los potosinos siempre había estado vedada la Primera División, la máxima categoría del balompié nacional, ahí donde estaba la crema y nata de este popular y apasionante deporte.

A decir de mucha gente, San Luis Potosí, no era plaza futbolera, menos para tal categoría, pero al paso del tiempo aquella jettatura quedó hecha añicos, pues la afición potosina tuvo oportunidad de contar con el espectáculo de más alto nivel futbolístico en nuestro país.

Primero con los “Auriazules” o “Santos” del San Luis, y más tarde con los “Pumitas” de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí que terminaron por ser llamados “Cachorros” del Atlético Potosino.

Durante el mes de septiembre de 1966, en la negociación de la familia Serrano, ubicada por aquella época en la calle de Allende, muy cerca del Mercado Hidalgo, se empezó a gestar la grandeza del balompié sanluisino.

Ahí se realizaron las primeras reuniones a las que asistían un grupo de jóvenes comerciantes integrado por Francisco Leos Herrera, Ramón Gómez Jiménez, Enrique Villarreal Guerra, Saad Sarquís, Jacobo Payán Latuff, David Martínez Leos, Jaime Romero Vidrio, el Ingeniero Aguilar, entre otros más,

Tiempo después en la casa de don Rafael Obregón, allá en la calle de Naranjos de la Colonia Jardín, el proyecto empezó a madurar, al nombrarse la primera directiva que presidió Pancho Leos Herrera - un hombre apasionado del deporte y de su ciudad- con el fin de hacer posible el retorno del futbol profesional a San Luis.

La empresa se antojaba muy difícil, casi imposible, y es que los antecedentes no eran nada favorables; diez años antes, otro grupo de comerciantes lo habían intentado, pero sin éxito. Pero el empeño y perseverancia de estos nuevos aficionados, tuvo buena acogida por parte de la afición.

Por principio de cuentas se nombró como entrenador a Juvencio “Chango” Montoya, que pese a haber nacido en el vecino estado de Guanajuato, había sido una de las más grandes glorias del balompié amateur sanluisino.

Para conformar el equipo se tomó como base al Reforma, cuadro que militaba en la máxima categoría de la Liga Municipal de esta capital. Así mismo se incorporaron otros elementos del llano que sobresalían en ese tiempo.

Después don Miguel Huerta, un incansable promotor futbolístico en el Colegio Salesiano, tomó el timón, incorporando a aguerridos y prometedores juveniles, pero su paso en la dirección técnica fue fugaz, duró poco, ya que no le tuvieron confianza.

Más tarde se comprobó que fue un desacierto dejar fuera de los planes al “Viejo” Huerta, forjador de una gran generación de buenos futbolistas potosinos, que al correr de los años triunfaron en el balompié de paga.

Finalmente, Jesús Ontiveros, agente de ventas de profesión, originario del Distrito Federal, sin ningún antecedente en el balompié potosino, se hizo cargo de la dirección técnica del naciente San Luis, auxiliado por J. Guadalupe López.

DEBUT DE LOS AGUERRIDOS AURIAZULES

Después de muchos preparativos, el 11 de julio de 1967 los “Auriazules” como los llamó el sobresaliente comentarista deportivo de esta Casa Editora, Rolando “Paladín” Palencia Elizondo, hicieron su debut en la Tercera División, enfrentándose en esta capital, al también equipo de la A.D.O. (Asociación Deportiva Orizabeña), con quien empataron a un gol en la cancha del estadio “Plan de San Luis”.

En pleno invierno de 1967, debido a los malos resultados, Ontiveros fue despedido y se trajo a Porfirio “Che” López Aldavé, un técnico de la CDMX, muy evolucionado para su época, cuyas enseñanzas y conocimientos no fueron apreciadas, y después de varias derrotas, tuvo que salir del equipo, dejando en el mando a José Guadalupe López Zárate y al autor de esta crónica, que habíamos sido auxiliares del entrenador distritense.

Sin otro objetivo más que el equipo mantuviera su lugar en la Tercera División, sin pena ni gloria concluyó esa campaña, que dejó cuando menos experiencia y enseñanzas. Las bases estaban ya puestas. En esa temporada surgieron elementos como Antonio Carrizales y Domingo “Araña” Ramírez, quienes después se convirtieron en ídolos del público potosino.

Los pocos aficionados que asistían al estadio que se le conocía también como el coloso de Alamitos o los charcos de Santa Ana, podían contarse fácilmente, ya que la afición no terminaba aún por meterse de lleno al futbol, a pesar de que en el equipo participaban sólo jugadores potosinos como Rosendo “Mono” Vallejo, Alfonso “Viejo” Pérez, Manuel “Chino” Lozano, Antonio Reyna, Carlos “Carioca” Rodríguez, Fernando “Shunco” Hernández, Pedro Gerardo Rocha Briones , Juan C. “Johny” Herrera, Miguel Ángel “Cuache” Rangel, Fernando Escobedo Palomino, Francisco “King Kong” Ávila Calderón, Isidoro Cerino, José “Bota” Domínguez, Eleazar Carvajal, Bibiano Parrilla , Miguel y Héctor Uribe “Las milongas” y Jorge García Noguez, entre otros .

Cabe hacer mención que, al término de la primera vuelta de esta campaña, la directiva hizo las primeras contrataciones foráneas, destacando entre ellas la del distritense Jorge Maciel Zapiain y de algunos tapatíos que tuvieron un paso fugaz por el equipo.

Quienes vivimos esa época del futbol potosino, no podemos dejar en el olvido aquellas situaciones que hoy sólo son anécdotas, pero que en su momento no sé si fueron parte del tributo que se debe pagar para alcanzar un objetivo y una meta, o si bien sólo fueron gajes del oficio.

Cómo no recordar los entrenamientos a las tres de la tarde, en la descuidada cancha del estadio Plan de San Luis, a los que aquellos jugadores asistían presurosos y con gran ilusión, luego de salir de la “chamba” o de sus estudios.

 Imposible olvidar, los viajes en el camión urbano de la Línea Saucito, llamado el “Comonfort”, manejado con gran pericia por el “Cerillo” Puente, que generosamente fiaba sus servicios, los que podrían ser a una ciudad tan cercana como Querétaro o Aguascalientes o la lejana Orizaba, Ver., travesías que eran una auténtica odisea por lo largo del viaje, sin dormir y comer bien.

Cuando había con qué pagar, se llegaba a hoteles sumamente modestos, la alimentación, sobre todo en los últimos viajes, era a base de lonches, y si alcanzaba el presupuesto, había para ir a comer a los mercados, eso sí, muy sabroso y llenador. Fueron tiempos de sacrificio.

EMPEZARON A GESTARSE LAS HAZAÑAS

La directiva un tanto cuanto, desalentada por los resultados, no perdió la fe y en marzo de 1968, el año olímpico, contrató a don Felipe “Marrana” Castañeda que había sido un destacado portero en las décadas de los años 40’s y 50’s, y que contaba con una amplia experiencia como entrenador.

Don Felipe había recorrido de la ceca a la meca, toda la geografía futbolística de México, solo le faltaba entrenar al San Luis para haber dirigido a todos los equipos mexicanos de ese tiempo.

Castañeda, fue un hombre pintoresco, folclórico como diríamos ahora, que era bastante supersticioso, pero con vasta experiencia y conocimientos. Un día llegó al estadio “Plan de San Luis” con aproximadamente 70 jugadores del Distrito Federal que venían en busca de un sitio en el equipo San Luis.

De todos ellos sólo se quedaron Luis “Chueco” García, Juanito de la Colina que era un jugador con gran clase, Manolo Oseguera, Arturo Corona, José Durán y José Garduño, que estaban llamados a ser como se esperaba, auténticos refuerzos, para formar la columna vertebral de los Auriazules.

Pero Don Felipe, que contaba con un buen “ojo clínico” para detectar talentos, confió en la juventud potosina, incorporando sangre nueva; del Colegio Salesiano llamó a José Camacho, David “Garita” Hernández, Meme Robledo, José “Sema” Moreno Navarro, Pedro “Rata” Muñoz Zapata y Pedro Arredondo Trueba, mientras que del Deportivo Santiago, otro de los grandes equipos de ese tiempo, seleccionó a Marco Antonio Martínez Urestí, David Atisha Castillo, Luis Muñiz Hernández y Vicente Orozco Malacara.

Luego de un tiempo, en pleno campeonato Castañeda enfermó, y nuevamente el autor de estas líneas, como su auxiliar que era, tuvo que entrar al relevo; durante la semana hacíamos el trabajo que Don Felipe programaba y el sólo se presentaba a los partidos a dirigir.

Y a tiros y tirones, concluyó esta temporada, colocado en el séptimo lugar de la clasificación general. Pero ya Castañeda Pérez había dejado los cimientos y las bases de lo que en un futuro no muy lejano vendrían a ser los grandes triunfos sanluisinos.

Felipe Castañeda, fue un hombre al que el balompié de San Luis Potosí le debe un reconocimiento, pues fue el forjador de la grandeza de esa historia futbolística que, a pesar de sus altibajos, ha brindado muchas satisfacciones y alegrías al estado, a la ciudad y a su gente.

Don Felipe no sólo le brindó la oportunidad de jugar en el profesionalismo a muchos potosinos, sino les pulió sus cualidades futbolísticas, creyó en ellos, los proyectó. Con la popular “Marranita”, en el equipo titular llegaron a alinear 10 jugadores nacidos en San Luis. 

Para esa época, la afición por fin había logrado identificarse con su equipo, sólo faltaba que los “Auriazules” dieran mayores satisfacciones, mientras tanto la directiva seguía trabajando con renovados bríos, en busca de tener el equipo que llegara a la Segunda División.

A UN PASO DE LA GLORIA

Mil novecientos sesenta y nueve comenzaba, y con él un año de nuevas esperanzas para la afición y directiva del San Luis. Fernando Reinoso, guanajuatense de origen, que de entrenador sólo tenía un título expedido en uno de los clásicos cursos al vapor que por aquellos tiempos organizaba la Federación Mexicana de Futbol, y que culminaban siempre con un asado, fue contratado por la directiva local.

Pero el hombre, que en la tierra de las fresas trabajaba como cronista deportivo, ponía a entrenar a los jugadores, y desde la banda del campo, vestido de civil, daba indicaciones. Nunca se le vio en ropa deportiva, siempre de traje y corbata.

La directiva sólo lo aguantó un par de semanas. Un día fue a su tierra y no regresó, Entonces los dirigentes decidieron brindar la oportunidad a Arturo Mendoza, un técnico modesto, honesto y trabajador, que, en los Gallos de Querétaro, el eterno y clásico rival del San Luis, había realizado un buen trabajo.

La semilla sembrada por Felipe Castañeda tiempo atrás, empezó a germinar, bajo la disciplina y trabajo que aplicó Mendoza, que con la incorporación de jugadores como Rubén Durán, Darío Gamboa, Ernesto Rojas y Heriberto Lizaola (los cuatro con experiencia en primera división) conformó un plantel muy competitivo que llegó a la final del torneo de copa, adjudicándose el título al vencer al Cuautitlán, por 3 goles a 1.

Ese domingo de marzo de 1969, el Plan de San Luis registró su primer lleno total y la afición sanluisina vivió su primera gran fiesta futbolera, pero aún estaban por escribirse más hazañas deportivas.

Después vino el torneo de liga, y con el mismo plantel y también bajo la dirección de Arturo Mendoza, un 25 de enero de 1970 el San Luis logró ascender a la Segunda División, al conquistar el campeonato, derrotando en la gran final a la Universidad Autónoma del Estado de México, con un gol de Antonio Carrizales.

Las cosas no fueron fáciles, se tuvo que realizar un esfuerzo supremo para alcanzar la gloria deportiva.

De esta forma el futbol potosino retornaba a la Segunda División, después de casi más de doce años de ausencia, cuando aquella también inolvidable trinca tunera de los años 50 ’s había militado en dicha categoría.

Con la conquista de los títulos de copa y liga, el San Luis automáticamente había logrado también la presea de campeón de campeones de la Tercera División, pero sobre todo el ascenso, luego de que durante tres temporadas lo había estado intentando.