Marco Antonio Martínez Uresti, fue un valioso diamante extraído de la inagotable pero mal aprovechada cantera futbolística Potosina, que, a juicio de varios de sus excompañeros, conocedores y aficionados de la vieja guardia, es el futbolista más completo en la historia del balompié de San Luis Potosí, y que durante 14 años fue un baluarte indiscutible de la zaga de los equipos Santos del San Luis y Cachorros del Atlético Potosino.
En opinión de los conocedores y excompañeros como Raúl Arias, Rolando Jiménez y Julio Valadez, Marco Antonio ha sido el jugador más completo en la historia del futbol sanluiseño, por su talento, técnica y su manera inteligente y hábil para jugar, sencillamente se adelantó a su época, de haberlo hecho en estos tiempos, sin duda que hubiera sobresalido y quizás habría tenido una mejor proyección.
Su posición habitual fue la de zaguero central, pero también se desempeñaba como volante de contención y lateral o extremo derecho, dada su depurada técnica individual, agilidad y velocidad. Donde lo colocaran los entrenadores rendía, siempre haciéndolo con gran entrega, profesionalismo y amor a los colores de la camiseta de su equipo.
Nació en esta capital, en la calle de Altamirano, en el barrio de Santiago, cuna de grandes deportistas, un 2 de diciembre de 1950, sus padres Mercedes Uresti Tovar y José Cruz Martínez, fue el mayor de tres hermanos. Desde muy chico practicó el beisbol, y soñaba con llegar a jugar con los Indios de San Luis equipo sucursal de los Sultanes de Monterrey que jugaba en la Liga Central.
Un buen día, sus amigos Javier y Hugo Herrerías lo invitaron a jugar a una oncena llamada Botafogo, y fue ahí donde los hermanos Manuel y Antonio Loría que dirigían al Deportivo Santiago, invitaron a Marco y a los Herrerías para que se incorporaran a su equipo, y a partir de esa fecha, a sus 12 años, Marco se convirtió en el capitán y en el alma del cuadro santiaguino, ahí permaneció jugando hasta que dio el salto al profesionalismo, no sin antes formar parte de las selecciones infantiles y juveniles de nuestro Estado, teniendo como base al Santiago que aportaba al 90 % de sus integrantes, participando en las eliminatorias municipales, estatales, regionales y prenacionales de los Juegos Deportivos Nacionales infantiles y Juveniles.
Después de ganar infinidad de títulos y campeonatos con el Deportivo Santiago, en las categorías infantiles y juveniles de las Ligas citadinas, como la Potosina, Vilaseca y Central, Marco y su equipo aun sin tener la edad, incursionaron en la Liga Estudiantil y Municipal, las dos mejores agrupaciones de categoría Abierta de aquella época, consiguiendo ascender desde las categorías inferiores hasta la primera fuerza Especial, donde jugaban los mejores equipos y jugadores locales.
En 1967, el futbolista Potosino Raúl Chávez de la Rosa, que jugó con el Monterrey y fue refuerzo del Guadalajara en una gira europea en los años 60’s, además de participar con la selección mexicana en los Juegos Olímpicos de Tokio 1964, invitó al Deportivo Santiago a tomar parte en un torneo Cuadrangular en la sultana del norte, junto con la selección de Nuevo León, y dos potentes oncenas regiomontanas, y los chamacos santiaguinos se lucieron por lo que el charquense, se interesó por llevar a probar a los Rayados a varios santiaguinos, entre ellos a Marco Antonio.
Pero, Marco junto con cinco más de sus compañeros del Santiago fueron observados por el cuerpo técnico del Club San Luis que dirigía Felipe “Marrana” Castañeda Pérez en la Tercera División profesional, y Marco junto con sus amigos David Atisha y Luis Muñiz, fueron firmados por el conjunto sanluisino, y a partir de su debut en la segunda jornada, Marco no volvió a dejar de jugar y ocupar la titularidad de los Santos o también llamados Auriazules.
Así emprendió una larga y fructífera trayectoria, y junto con el San Luis, ascendieron en tres temporadas, de tercera a Segunda, y de segunda a primera División, consiguiendo dos ascensos consecutivos, dos títulos de Liga en Tercera y Segunda, un campeonato de copa y campeón de campeones en Tercera.
Por cumplir los 21 años, Marco Antonio, en el año de 1971, hace su ansiado debut en primera División, sufriendo junto con su equipo el bautizo de fuego en la máxima categoría del balompié mexicano al caer ante el América por 6 goles a 1, pero después el cuadro Potosino se convirtió en el coco del cuadro americanista.
De esa forma Marco junto con David Atisha y Vicente Orozco Malacara, compañeros en el Deportivo Santiago y Antonio Loría que había sido su entrenador en el futbol amateur, y que formaba parte del cuerpo técnico del san Luis cumplieron el sueño de estar en Primera División.
A partir de ahí, Marco nunca soltó la titularidad, además de tener las preferencias de sus diversos entrenadores que lo nominaron como capitán del equipo, habiendo jugado al igual que José Camacho, 198 partidos consecutivos con la playera del San Luis, y más de 300 vistiendo los colores azul y oro, desde Tercera a Primera División, de 1968 a 1972-1973 cuando el conjunto sanluisino descendió a la segunda División, habiendo sido cedido al Atlético Potosino junto con Julio Valadez, Rolando Jiménez, Ciro Barbosa y Rafael Loeza (Qepd).
Fue en el año 1973 donde Marco brilló en el torneo de la Primera División, cuando junto con Julio Valadez, fue convocado a integrar la selección nacional de Nuevos Valores a lado de destacados jugadores de aquella época, bajo las órdenes del Ing., Javier de la Torre, lamentablemente ese proyecto se truncó.
Durante su paso por Atlético Potosino, donde jugó hasta 1982, dirigido por entrenadores como Ángel Zubieta, Juan Ángel Silva Cabrera, Luis Grill y Alberto Guerra, Marco fue pretendido por equipos como América, Pumas y Tigres que dirigía don Carlos Miloc, quien siempre lo quiso tener en su equipo, sin embargo, algunos dirigentes de aquel tiempo se lo impidieron, pues lo consideraban fundamental en el accionar de los Cachorros, y se negaron a transferirlo.
Marco expresa que todo lo que tiene se lo debe al futbol, “Este deporte me dio la oportunidad de hacer grandes amigos y compañeros, de formar una gran familia que tengo con mi esposa Martha Pecina, y mis hijos, además de disfrutar del aprecio y cariño de mucha gente que aun me recuerda con agrado, y es que yo siempre me entregué al futbol y a mis equipos”.
Tiene grandes recuerdos el haber tenido a grandes amigos y compañeros con los que jugué, como José Camacho, David Hernández, David Atisha, Nery Castillo, Raúl Arias, Carlos Muñoz, Jorge Davino, Roberto Matosas, Rolando Jiménez, Jorge Ortega mi compadre, Carlos Novoa y el mismo Alberto Guerra.
En 1982, con problemas de lesiones decidió retirarse del futbol, pero dice que “ me cabe el privilegio de haber aportado mucho al futbol de mi ciudad y Estado, donde alterné con grandes amigos y compañeros, de haber logrado ascensos y campeonatos”, considera haber jugado siempre al lado de los mejores, “desde niño lo hice con mentalidad triunfadora, éramos unos chamacos, pero podíamos ganarles a los de Primera Fuerza”
Hoy a muchos años de su retiro del balompié, muchos compañeros, amigos y aficionados de la vieja guardia que lo vieron jugar, lo recuerdan con gran aprecio y afecto, y eso lo tiene satisfecho,“ es bonito que después de muchos años que han pasado te sigan recordando, lo que les agradezco, al igual que a mis grandes amigos y compañeros del Santiago, con los que formamos una gran familia, y hasta la fecha nos seguimos reuniendo y frecuentando.
Efectivamente han pasado muchos años, y la gente recuerda aquellas jugadas donde Marco se lanzaba de chilena o palomita, para evitar el gol en su arco, aún se sigue recordando su clase y elegancia para salir jugando con el balón pegado al píe, desde su reducto defensivo, y lanzarse al frente con determinación y entrega, como fue siempre su tarjeta de presentación de este gran futbolista Potosino, en su paso por el balompié amateur y profesional, al que solo le faltó haber militado en una escuadra de las consideradas históricas y populares del futbol mexicano, pues tenia todo para haberlo hecho y triunfado plenamente.