LENORAH, Texas.- A simple vista, una estación de compresión de Mako a las afueras del polvoriento cruce de caminos de Lenorah, en el oeste de Texas, no parece especial, igual que las decenas de miles de operaciones de petróleo y gas repartidas por toda la Cuenca Pérmica, una zona rica en petróleo.
Lo que no se ve a través de la cerca es una columna de gas invisible, fundamentalmente metano, que se eleva desde los relucientes tanques blancos de almacenamiento hacia el cielo despejado.
Se ha observado que la estación de Mako, propiedad de una subsidiaria de West Texas Gas Inc., libera a la atmósfera cada hora unos de 870 kilos de metano, un gas de efecto invernadero extremadamente potente.
Eso equivale a quemar siete camiones cisterna llenos de gasolina cada día.
Pero las enormes emisiones de Mako no son ilegales, ni siguiera están reguladas.
Y es apenas uno de los 533 “superemisores” de metano detectados durante un estudio aéreo de la región realizado en 2021 por Carbon Mapper, un emprendimiento de investigadores universitarios y el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL por sus siglas en inglés) de la NASA.