La Santa Sede informó que el programa detallado será difundido más adelante, una vez concluidas las tareas de coordinación con las autoridades locales.
Macri descartó la utilización de estadios de fútbol o cerrados para los encuentros multitudinarios, al señalar que la Iglesia suele privilegiar espacios abiertos. Tal como ya se había informado, entre los sitios evaluados, mencionó el Monumento de los Españoles (en el barrio de Palermo) como la opción más avanzada para el acto principal en la ciudad, debido a su capacidad de albergar grandes multitudes y su fácil acceso en transporte público.
La última visita de un papa a Argentina fue en abril de 1987, cuando Juan Pablo II desembarcó para llevar a cabo su segunda estadía apostólica en el país. Aquel viaje oficial, marcado por un fuerte sentido pastoral e institucional en pleno retorno democrático tras la dictadura cívico-militar, se extendió a lo largo de seis jornadas intensas.
La prensa argentina, en tanto, advierte "cierta preocupación" en el gobierno nacional de Javier Milei por el mensaje que brindará el León XIV. El arzobispo Marcelo Colombo, presidente del episcopado, después de su encuentro con León XIV el jueves pasado en el Vaticano, adelantó que se tratará de "un viaje pastoral con proyección para la vida social".
De hecho, Colombo lanzó en las últimas horas un llamado al Gobierno por la morosidad que sufren las familias. "No se puede decir que no interesa", enfatizó el prelado.
Días atrás, Milei afirmó que el endeudamiento que sufren las familias argentinas "es un problema entre privados". Los endeudados morosos ascienden a 5,8 millones de argentinos en junio, según el Banco Central, y unos 3 millones se consideran deudores irrecuperables. "Nadie les puso una pistola en la cabeza" para endeudarse, disparó el presidente.
En el gobierno de Milei temen que noviembre sea un mes tenso por la crisis económica y que los cerca de cinco millones de argentinos que durante la visita papal saldrán a la calle se conviertan en un problema, con cuestionamientos y críticas. Por eso, hay tensión entre la iglesia y el gobierno por las características que tengan los actos en los que participará Robert Prevost.
La iglesia quiere una visita con los feligreses en la calle. Es decir, quiere el contacto del papa con su pueblo. El gobierno intenta que los eventos sean cerrados y con aforo limitado, un modo de ejercer mejor control.