Nueva York.- La vida del rey del cártel de Sinaloa, Joaquín Guzmán Loera, alias el “Chapo”, ha sido una mezcla de violencia, drogas y lujos excéntricos, donde el mito, muchas veces, se ha impuesto a la realidad.
Nacido el 4 de abril de 1957 en la localidad de Badiraguato, Sinaloa, y apodado el Chapo por su baja estatura, el todopoderoso emperador de las drogas se enfrenta ante un tribunal de Nueva York a cadena perpetua acusado de introducir 457 toneladas de estupefacientes en EU, entre otros crímenes relacionados con su actividad al frente del cártel de Sinaloa.
Conocido también por su excéntrica vida de lujo, plasmada no solo en canciones, Guzmán ha sido inmortalizado internacionalmente en la serie televisiva producida por Netflix y Univisión, que narra su ascenso y caída como traficante.
Las dos fugas de prisiones protagonizadas en México por Guzmán, de la cárcel de Puente Grande, el 19 de enero de 2001 y del penal de El Altiplano, el 11 de julio de 2015, así como las dos ocasiones en las que salió indemne de sendos atentados, contribuyeron a alimentar su mito, propagado por los narcocorridos, un subgénero musical mexicano donde se narran las “hazañas” de los capos de la droga.
El Chapo creció en una familia pobre en un rancho de Badiraguato, conocido como la Tuna, donde a los 15 años comenzó a cultivar y vender marihuana y opio.
El poder y dinero acaparados por el emperador mexicano de las drogas llevaron a la revista Time a situarlo en 2009 entre las 100 personas más influyentes del planeta y a la publicación Forbes a incluirlo a partir de 2012 en la lista de las personas más ricas del mundo.
Se sentó en el banquillo en EU, adonde fue extraditado, más de un año después de su detención.