Ataques ucranianos con drones han impactado refinerías, almacenes y oleoductos, además de camiones cisterna incendiados a lo largo del corredor terrestre desde Rusia hasta Crimea. Automovilistas hacen largas filas en gasolineras.
En un nuevo golpe a la narrativa del Kremlin sobre la guerra, las fuerzas de Kiev atacaron los suministros hacia Crimea, desencadenando la peor crisis de combustible en la península desde su anexión en 2014.
Impacto en la comunidad
Los persistentes ataques reflejan la creciente eficacia de los drones ucranianos y han tomado por sorpresa al gobierno ruso, que enfrenta dificultades para responder.
Mientras Rusia celebra el Día Nacional, la escasez de gasolina amenaza con trastornos en la región turística, afectando playas y complejos vacacionales.
En un reconocimiento inusual, el Kremlin admitió el problema y prometió actuar con rapidez.
Los éxitos ucranianos evidencian su capacidad para dañar a Rusia y cambiar el curso del conflicto, mientras Moscú ha detenido casi por completo su avance. El jueves se cumplió el día 1.569 de la invasión rusa, superando la duración de la Primera Guerra Mundial.
Acciones de la autoridad
Crimea ha sido estratégica para Rusia desde el siglo XVIII, pasando de dominio otomano a ruso, y luego transferida a Ucrania en 1954 por Jrushchov. Tras la caída de la URSS, Crimea formó parte de Ucrania hasta la anexión rusa en 2014, tras un referendo no reconocido internacionalmente.
Rusia mantuvo una base naval en Sebastopol y, tras el derrocamiento de Yanukóvich, Putin envió tropas para tomar la península. Desde entonces, la región ha sido foco de combates y control estratégico.
Ucrania ha atacado sistemáticamente infraestructuras rusas, incluyendo depósitos, aeródromos y el puente de Kerch, vital para el suministro terrestre a Crimea.
Tras daños al puente de Kerch, Rusia canalizó suministros por carretera y ferrocarril a lo largo del mar de Azov, pero estos envíos se interrumpieron por ataques ucranianos a camiones cisterna, dejando vehículos en llamas.
Además, ataques en territorio ruso afectaron refinerías y oleoductos, dañando exportaciones y provocando escasez interna.
El Instituto para el Estudio de la Guerra destacó que los ataques combinados reducen la producción y el transporte de combustible ruso.
Drones ucranianos también atacaron el puente de Chonhar, que conecta Crimea con Ucrania continental, interrumpiendo el movimiento militar y logístico.
La península sufre la peor crisis de combustible desde 2014, con racionamiento y largas filas. Las autoridades limitaron la venta a 20 litros por vehículo semanalmente, y los cupones se agotaron rápidamente.
Se habilitó una línea telefónica para turistas varados, y el combustible se transporta en transbordadores, con restricciones en el traslado particular.
El turismo, que atrajo casi 7 millones de visitantes en 2023, enfrenta cancelaciones masivas, con hoteles ofreciendo bonos de gasolina para atraer reservas.
Un ataque ucraniano reciente a un tren de pasajeros entre Moscú y Crimea causó heridos y suspensión temporal del servicio.
El Kremlin, a través de Dmitri Peskov, reconoció la escasez y aseguró que se toman medidas. El Ministerio de Defensa ruso no se pronunció, mientras blogueros critican la respuesta militar y sugieren escoltas para camiones y ataques a infraestructuras ucranianas.
En medio de la crisis, Ucrania atacó un edificio histórico en Sebastopol que albergaba una pintura panorámica sobre la defensa de la ciudad en el siglo XIX, causando daños significativos y provocando la ira de Putin, según expertos.