Benedicto XVI ya reposa en la cripta vaticana

Miles de fieles despidieron al papa emérito en funeral encabezado por el papa Francisco

Ciudad del Vaticano.- Con un repique de campanas, miles de fieles, líderes políticos y el propio papa dieron el último adiós el jueves a Benedicto XVI, el teólogo alemán que hizo historia al retirarse del cargo, en una inusual misa de réquiem por un pontífice muerto presidida por su sustituto.

La multitud aplaudió cuando los portadores sacaron a hombros el ataúd de ciprés de Benedicto de la basílica de San Pedro, envuelta en la niebla, y lo colocaron ante el altar en la enorme plaza exterior.

Francisco, ataviado con los ornamentos de color carmesí propios de los funerales papales, inició la misa con una oración y la cerró una hora más tarde con una bendición solemne del sencillo féretro, decorado únicamente con el escudo de armas del papa emérito. Más tarde, fue enterrado en las grutas vaticanas.

Francisco no hizo ninguna mención específica al legado de su predecesor en su homilía y sólo pronunció su nombre una vez, en la última frase, empleando en su lugar una reflexión sobre la voluntad de Jesús de entregarse a la voluntad de Dios.

“También nosotros, aferrados a las últimas palabras del Señor y al testimonio que marcó su vida, queremos, como comunidad eclesial, seguir sus pasos y confiar a nuestro hermano en las manos del Padre”, dijo Francisco.

El legado de Benedicto XVI se vio empañado por el escándalo de los abusos sexuales cometidos por el clero, a pesar de que reconoció antes que la mayoría la “inmundicia” de los sacerdotes que violaban a niños y sentó las bases para que el Vaticano los castigara.

Después de la misa, el féretro de ciprés de Benedicto XVI fue colocado dentro de otro de zinc, que a su vez quedó dentro de un tercer ataúd de roble antes de ser enterrado en la cripta que está debajo la Basílica de San Pedro, donde en su día estuvo la tumba de San Juan Pablo II antes de ser trasladada al piso superior.

El papa emérito, que murió el 31 de diciembre a los 95 años, está considerado como uno de los grandes teólogos del siglo XX y dedicó su vida a defender la doctrina de la Iglesia. Pero pasará a la historia por un anuncio singular y revolucionario que cambió el futuro del papado: se convirtió en el primer papa en retirarse en seis siglos.

Ignorando los llamados al decoro al final, entre la multitud algunos sostenían pancartas o gritaban “¡Santo Subito!” (“¡Santidad ya!”), en una repetición de los cánticos espontáneos durante el funeral por San Juan Pablo II en el año 2005.