La excandidata presidencial colombiana, Ingrid Betancourt, relató hoy ante el Tribunal de la Justicia para la Paz (JEP), episodios dramáticos de sus seis años de cautiverio que revivieron el horror del secuestro y la guerra que protagonizó la exguerrilla de las FARC durante 53 años.
“El 23 de febrero de 2002 empieza mi descenso al infierno”, fue una de las frases conmovedoras de la excandidata presidencial en su testimonio a los magistrados de la JEP, a través de una videoconferencia desde París, en donde actualmente reside.
Su relato fue una especie de crónica oral que arrancó desde el primer día de su secuestro en 2002 cuando fue retenida por guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en un trayecto desde la ciudad de Florencia (Caquetá) hasta San Vicente del Caguán, donde tenía una concentración política de su campaña para las elecciones presidenciales de ese año.
La excandidata -quien fue rescatada en 2008 en la llamada Operación Jaque- comenzó su relato contando que cuando llegó al aeropuerto de Caquetá le quitaron todo su esquema de seguridad antes de que ella saliera para San Vicente del Caguán.
“Si era tan peligroso coger esa carretera -dijo- ¿por qué me quitaron los escoltas? ¿Por qué ordenaron que nadie podía ir conmigo? Si hubieran buscado proteger mi vida la orden hubiera sido que nadie pasa ese retén, pero la orden fue 'los escoltas se quedan e Ingrid hace lo que quiera'”.
Betancourt ahondó: “Lo que sí sé es que si era tan peligroso y si el Estado tenía tan claro que yo corría un riesgo por qué nos facilitaron un vehículo oficial del DAS con placas de las FF.MM.”. Betancourt sostuvo que ella confiaba en el Estado.
”Creía ciegamente en mis escoltas y aún hoy estoy convencida de que ninguno de ellos al subirme en ese carro, al ayudarme a irme para San Vicente, pensó que me estaban entregando a las FARC o que estaban poniendo en riesgo mi vida", señaló.
Alguien sabía “que me iban a secuestrar y se estaban curando en salud (…) He tenido mucho tiempo secuestrada en la selva y tiempo después para preguntarme si cometí un error, si fue mi culpa. Desde el fondo de mi alma tengo la convicción de que actué como cualquier persona hubiera actuado. Tenía confianza en nuestro Estado, en el gobierno”.
La excandidata presidencial no pudo contener las lágrimas durante su narración cuando recordó el fallecimiento de su padre estando ella en cautiverio por una columna de las entonces Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).
El 23 de marzo de 2002 “un mes después de mi secuestro fallece mi padre. Las FARC no asesinaron a mi padre, pero sí son responsables de su calvario. Mi hermana me cuenta que en el lecho de su muerte preguntaba: ‘¿dónde está la niña?’”.
“Yo estaba en la selva cuando me enteré que él había muerto, casi me enloquezco, pensé que uno como ser humano no podía vivir sin dormir. Y duré un año así. No dormía. No dormía porque cuando lo hacía, soñaba con mi padre, en momentos muy felices con él, como niña”, apuntó.
"(…) Cuando me despertaba, me despertaba en la pesadilla: yo secuestrada y él muerto. Fue tanto el dolor que prefería no dormir (…) Yo acuso a las FARC de tortura psicológica contra mí y mi familia”.
"Las FARC no son responsables de la muerte de mi padre, pero sí de su calvario", subrayó al tiempo que acusó a las exguerrillas de tortura psicológica contra ella y todo su entorno familiar que se encontraba en Bogotá.
Enfatizó que "había un placer en los guerrilleros (de las FARC) en no darle a los secuestrados los medicamentos que ellos tenían” y agregó que sus captores la sometieron a golpizas con las cadenas en la cabeza, con las culatas de los fusiles y siempre la amenazaron con ejecutarla.
En alguna ocasión "me hicieron arrodillar, me pegaron y dispararon como si me fueran a ejecutar", denunció y aseguró que los comandantes del grupo guerrillero eran conscientes de las torturas contra ella y las otras mujeres secuestradas.
Los comandantes de las antiguas FARC “premiaban con ascenso a los guerrilleros que tenían comportamientos soeces, vulgares, irrespetuosos con las secuestradas. Eso no sucedía con los hombres secuestrados. Había una política en contra de la mujer secuestrada".
Los magistrados de la JEP empezaron a escuchar los testimonios de los exsecuestrados de las FARC dentro de su misión de hacer justicia con reparación y no repetición por parte de los guerrilleros, que se desmovilizaron como parte del acuerdo de paz firmado con el gobierno colombiano en noviembre de 2016.