Nueva York.- Black Lives Matter ha sido muchas cosas en su corta e intensa vida.
Ha sido una consigna, un punto de encuentro. Un movimiento que ha producido protestas de costa a costa, exigiendo que Estados Unidos adopte una postura seria para prevenir la muerte de afroestadounidenses a manos de las autoridades. Un recurso enviado del cielo para personas como Helen Jones, quien busca desesperadamente justicia luego de que su hijo falleció en una prisión del condado de Los Ángeles.
“Black Lives Matter nos salvó, porque no teníamos a nadie”, dijo Jones.
Ahora, la influencia del movimiento está a prueba, mientras los votantes de las elecciones presidenciales del país consideran a los candidatos que apoyaron o criticaron al Black Lives Matter en medio de un reconocimiento a nivel nacional de la raza.
Y de hecho, muchos candidatos republicanos y demócratas que buscan un puesto a nivel federal, estatal y local se han movido hacia el centro de la política o más hacia la derecha, dejando claro que “respaldan al azul” —o sea, a las fuerzas del orden— o que rechazan los llamados a quitar fondos a la policía. Ni el presidente Donald Trump ni el candidato demócrata a la presidencia Joe Biden reducirían los presupuestos policiales en las comunidades locales.
En un abrir y cerrar de ojos, el BLM ha pasado de ser un hashtag en las redes sociales a un movimiento sumamente influyente y a una organización con millones de dólares a su disposición para impulsar los mensajes sobre quitarle fondos a los departamentos de policía como una forma para abordar el racismo sistemático.
El movimiento empezó hace apenas siete años, en medio de la ira de sus organizadores por la absolución de George Zimmerman, el hombre de Florida que mató a Trayvon Martin, de 17 años.