HERMOSILLO, Son., marzo 24 (EL UNIVERSAL).- Durante años, la voz de Ceci Flores Armenta ha sido una de las más firmes en el desierto. No por fuerza, sino por amor. Un amor que no se rindió ante el sol inclemente, la tierra endurecida ni el paso del tiempo. Hoy, esa misma voz se quiebra: ha localizado los restos de su hijo, Marco Antonio, desaparecido el 4 de mayo de 2019.
Hallazgo y confirmación oficial
El hallazgo ocurrió en el kilómetro 46 de la carretera 26, en Hermosillo. Ahí, donde el paisaje parece interminable y la esperanza se vuelve frágil, Ceci encontró lo que durante tanto tiempo buscó sin descanso.
La Fiscalía le informó que los restos corresponden a su hijo. Sin embargo, no hay consuelo completo: no está entero.
"Vámonos a casa, hijo, de donde nunca tuviste que partir", expresó.
No fue un grito, sino una promesa cumplida en medio del dolor más profundo.
Búsqueda incansable y consecuencias
Desde aquel 4 de mayo de 2019, Ceci luchó contra todo: el olvido institucional, la indiferencia social, el cansancio físico.
Caminó kilómetros bajo el sol, escarbó con sus propias manos, lloró mientras el polvo le nublaba la vista. Lo hizo con una certeza que nunca abandonó: encontraría a su hijo.
Pero el hallazgo no trajo la paz imaginada. En lugar de un cuerpo completo, encontró fragmentos.
Huesos dispersos en un terreno vasto, posiblemente alterado por el paso del tiempo y la fauna del lugar. "No creo que ninguna madre merezca recoger solamente huesos de su hijo", dijo con la voz rota.
La escena no solo revela una tragedia personal, sino una herida colectiva.
En ese mismo terreno, como en muchos otros de Sonora, la magnitud del problema es abrumadora. Restos que hablan de ausencias múltiples, de historias interrumpidas, de familias que siguen buscando.
Ceci, quien ha ayudado a encontrar a más de cinco mil de personas desaparecidas, decenas con vida en lugares inesperados como penales, centros de rehabilitación alcantarillas.
Por eso, esperaba -al menos- encontrar a su hijo completo. "Por todo lo que he hecho, lo mínimo era eso", expresó. Pero ni siquiera ese consuelo le fue concedido.
Aun así, no se detiene. Ha pedido pruebas de ADN que confirmen plenamente la identidad de los restos. Quiere certeza, aunque duela. Quiere verdad, aunque llegue tarde.
Hoy no hay cierre, no hay descanso.
Solo un puñado de huesos que abraza como si aún pudiera protegerlo. Solo una madre que, incluso en el dolor, cumple su promesa.