Los bomberos dijeron que la posibilidad de encontrar a alguien vivo en medio del terreno todavía humeante era prácticamente inexistente 72 horas después de la explosión volcánica del domingo.
“Nadie va a poder sacarlos o decir cuántos están enterrados aquí”, dijo Efraín Suárez, de pie entre los agujeros humeantes que salpican lo que solía ser el pueblo de San Miguel Los Lotes, en las faldas de la montaña.
“Los cuerpos ya están carbonizados”, señaló el conductor del camión de 59 años. “Y si entra maquinaria pesada, serán destrozados”.
Los rescatistas hundían varillas de metal en el terreno para liberar el humo, una indicación de que la temperatura de la superficie se mantiene alta. Lo que alguna vez fue un vergel se ha convertido en un paisaje lunar cubierto de ceniza.
Las autoridades advirtieron que la lluvia aumenta la posibilidad de que se produzca el deslizamiento de flujos de fango, material volcánico y otros desechos.
Juan Sánchez, portavoz de CONRED, dijo que pasadas las 72 desde la erupción del domingo habrá pocas posibilidades de encontrar a alguien con vida.