La prestigiosa institución cultural de Londres anunció haber reunido los fondos necesarios -3,5 millones de libras, más de 4 millones de euros- para completar la compra de este valioso objeto.
Es un colgante de oro vinculado al célebre matrimonio entre el rey Enrique VIII y su primera esposa, Catalina de Aragón, la más larga de las seis uniones que marcaron la vida desmesurada de uno de los monarcas más controvertidos del Reino Unido.
Para concretar la operación y evitar la incertidumbre de una subasta, el museo recurrió también a una colecta popular lanzada meses atrás, con un embajador de excepción: Damien Lewis, actor de fama internacional recordado, entre otros papeles, por haber interpretado justamente a Enrique VIII en una serie de la BBC.
La campaña permitió reunir más del 10 % del monto total antes de la fecha límite inicialmente fijada, la próxima festividad de San Valentín, en un guiño evidente al marketing.
El hallazgo de la joya, bautizada Tudor Heart tras ser analizada por expertos e investigadores y confirmada como auténtica más allá de toda duda razonable, tiene ribetes casi rocambolescos. Fue descubierta en 2019 durante una excursión por la campiña de Warwickshire por Charlie Clarke, dueño de un pub en Birmingham.
"Es una maravillosa pieza superviviente de la historia inglesa que ahora todos podremos compartir", señaló hoy Nicholas Cullinan, director del British Museum. "Formará parte de nuestra colección permanente, asegurando su exhibición pública para las generaciones futuras", añadió.
El colgante, de oro puro de 24 quilates, es considerado de hecho una pieza única. Es el único vestigio conocido del tesoro conyugal de Enrique y Catalina, cuya unión, que duró 24 años, terminó en 1533 con la anulación impuesta por el monarca inglés, decidido a casarse con la joven Ana Bolena en violación de las leyes de la época y contra la voluntad del Papa. Un repudio que desencadenó el cisma anglicano con la Iglesia católica.
La joya, un colgante en forma de corazón sujeto a una cadena de 75 eslabones mediante un cierre en forma de puño, presenta una decoración esmaltada que representa un arbusto de granada, emblema de la casa de Catalina y presagio de fertilidad, sobre el cual se destacan la rosa roja y blanca de la dinastía Tudor de Enrique.
En el reverso aparecen además las iniciales de la pareja real ("H" y "K", de Henry y Katherine), mientras que en el frente está grabada la palabra tousiors, "para siempre" en antiguo francés, un lema tan elocuente como engañoso a la luz del desenlace fatal de aquel matrimonio.
Se trató, sin embargo, de una unión marcada por un afecto genuino, subraya la historiadora Rachel King, quien ve en la joya el sello de una relación que no por casualidad fue la más duradera en la vida de Enrique.
Una pareja de poder -en términos contemporáneos- en la que "Catalina de Aragón, demasiado a menudo recordada solo por la anulación, gobernó en realidad con autoridad en nombre de su esposo cuando este se encontraba ausente".
"Fue además durante largo tiempo su confidente", explica King, en una relación que, para la época, "puede definirse con justicia como la de dos personas enamoradas".