Jerusalén, Israel.- En las inmediaciones del Santo Sepulcro en Jerusalén, el lugar más sagrado para el cristianismo, se respiraba este sábado un ambiente festivo y alegre; todo estaba preparado para que miles de fieles celebraran un año más la ceremonia del Fuego Sagrado que tiene lugar siempre el Sábado Santo, un día antes de la Pascua ortodoxa.
Sin embargo, a unos pocos kilómetros de la considerada Tierra Santa, los ataques israelíes no cesan en una Franja de Gaza cada día más arrasada, donde los palestinos cristianos que viven allí han tenido poco que celebrar.
Tampoco los que residen en la Cisjordania ocupada, ya que este año tal y como ocurrió durante el pasado mes de marzo del Ramadán, no tenían permitido la entrada en la también conocida como Iglesia de la Resurrección.
Según la tradición cristiana ortodoxa, el Fuego Sagrado nace espontáneamente cada Pascua por obra de Dios dentro del Edículo, que alberga la tumba vacía de Jesús, ubicado bajo la imponente cúpula del Santo Sepulcro, a sólo unos metros del Gólgota, donde fue crucificado.
Agolpados alrededor de la tumba, los fieles llaman con fuertes cánticos y tambores al patriarca ortodoxo griego, Teófilo III, para que ore en soledad dentro el Edículo hasta que se haga el fuego.
Una vez encendido, el jerarca extiende las flamas de dos haces de 33 velas, una por cada año que vivió Jesús, para prender las veladoras de los eufóricos feligreses; es el clímax de la ceremonia del Fuego Sagrado, la más importante para las Iglesias orientales y la comunidad cristiana de Tierra Santa.
La ceremonia del Fuego Sagrado se ha celebrado desde los primeros años del cristianismo y se registró por primera vez en el 328 dC, según el historiador Eusebio.