Crece la presión para que se ilegalice a la iglesia "de Moscú" en Ucrania

KIEV, Ucrania (EFE).- Miles de ucranianos han salido a la calle en los últimos días pidiendo la ilegalización de la Iglesia Ortodoxa Ucraniana subordinada canónicamente al Patriarcado de Moscú, a la que acusan de seguir promoviendo los intereses de Rusia en plena agresión militar de ese país a Ucrania.

Las movilizaciones, secundadas por 15 ONGs que exigen al Parlamento medidas urgentes, han tenido efectos inmediatos en ciudades como Leópolis, Jmelnytskyi y Kamianets-Podilskyi, en el oeste de Ucrania, donde las autoridades locales han desalojado a esta iglesia de espacios de titularidad municipal.

"No es una cuestión religiosa, sino de seguridad y de independencia del Estado", dijo a EFE una de las destinatarias de estas demandas, la diputada del partido del presidente Zelenski, Servidor del Pueblo, Yevgueniia Kravchuk, que es también vicepresidenta de la comisión de Información y Cultura del Parlamento.

En la misma línea se expresó esta semana el secretario del Consejo de Seguridad y Defensa de Ucrania, Oleksiy Danilov, quien afirmó que las fuerzas del orden del país no luchan contra la religión, sino contra agentes del servicio secreto ruso "con sotana". 

"Puedo decir oficialmente que el número de personas (de esta iglesia) que colaboran con el FSB ruso, con los directorios primero, quinto y noveno del FSB (servicio secreto ruso) es, por desgracia, muy, muy alto", ha declarado Danilov.

Los líderes de la Iglesia Ortodoxa Ucraniana vinculada históricamente al Patriarcado de Moscú rechazan estas acusaciones y dicen ser víctimas de una persecución religiosa.

UNA LEY CONTRA EL COLABORACIONISMO 

Kravchuk y su grupo parlamentario apoyan un proyecto de ley registrado por el Ministerio de Justicia que prohibiría el funcionamiento en territorio ucraniano de organizaciones religiosas ligadas a Rusia, en tanto Estado que ataca militarmente a Ucrania. "Espero que pueda votarse en abril o mayo", dice la diputada.

La ley prevé que la Justicia decida en base a un informe elaborado por expertos nombrados por el Estado como el que ya ha establecido que la Iglesia Ortodoxa Ucraniana sigue subordinada canónicamente a Moscú, pese a su ruptura pública con la Iglesia Ortodoxa Rusa, que bendice la guerra en mayo del año pasado.

Más allá de esta conexión formal, millones de ucranianos y las propias autoridades consideran insostenible seguir permitiendo el uso de las catedrales y monasterios más importantes del país a la jerarquía de una iglesia con un largo historial, que continúa hasta hoy, de colaboracionismo con el invasor ruso.

"En todos los territorios ocupados están colaborando", dice Kravchuk sobre buena parte de los líderes de esta iglesia a la que define como "uno de los tentáculos" con los que Rusia promueve ideas con las que ha justificado su invasión de Ucrania, como que ambas naciones son un mismo pueblo llamado a compartir destino.

Desde el comienzo en febrero del año pasado de la invasión a gran escala, los servicios secretos ucranianos han tomado medidas contra 61 religiosos de esta iglesia por bendecir la invasión desde los púlpitos u ofrecer información de valor militar al enemigo. 

Algunos fueron detenidos e intercambiados por soldados ucranianos apresados por Rusia.

Uno de los casos más recientes es el de un párroco de esta denominación al que el Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU) identificó esta semana en un vídeo grabado durante la ocupación de la región de Járkov (noreste) en el que rociaba con agua bendita vehículos militares rusos.

Muchos ucranianos están convencidos de que estas imágenes -que ya se vieron en 2014 con la ocupación de Crimea y la proclamación de repúblicas separatistas en el este de Ucrania- se repetirían en muchos templos administrados por esta iglesia si las fuerzas rusas entraran en Kiev y en otros pueblos y ciudades del país.

Allí donde se han tomado medidas contra la iglesia acusada de prorrusa, las autoridades han cedido los espacios evacuados a la Iglesia Ortodoxa de Ucrania, la iglesia nacional ucraniana creada en 2018 y reconocida un año después como "autocéfala" por el Patriarcado Ecuménico de Constantinopla.

Los críticos de la iglesia "de Moscú" exigen a sus jerarcas que se pasen a la iglesia nacional independiente de Ucrania, como ya han hecho muchos de sus fieles y curas rasos, si de verdad quieren romper amarras con Rusia.

De momento, los líderes se resisten, y apelan a la libertad religiosa para seguir defendiendo a esta iglesia que muchos no pueden dejar de identificar como un instrumento del imperialismo ruso en Ucrania.