Aseguraron que la guerra en Medio Oriente ha provocado graves trastornos en la vida y el sustento de la población de la región.
Sus efectos se han resentido en todo el mundo de manera altamente asimétrica, afectando desproporcionadamente a los países importadores de energía, en particular a los de bajos ingresos, puntualizaron.
Pusieron de relieve que las cadenas de suministro globales —incluidas las de helio, fosfato, aluminio y otras materias primas— se ven afectadas.
Les preocupa que la volatilidad del mercado resultante, el debilitamiento de las monedas en las economías emergentes y la preocupación por las expectativas de inflación plantean la posibilidad de políticas monetarias más restrictivas y un menor crecimiento.
Dentro de ese contexto y para garantizar una respuesta coordinada, acordaron conjuntamente formar un grupo de coordinación para maximizar la respuesta de sus instituciones ante las repercusiones energéticas y económicas de la guerra en Medio Oriente.
Trabajarán con otras instituciones sobre tres ejes:
Primero: Evaluar la gravedad de los impactos en distintos países y regiones mediante el intercambio coordinado de datos sobre mercados y precios de la energía, flujos comerciales, presiones fiscales y sobre la balanza de pagos, tendencias inflacionarias, restricciones a la exportación de productos básicos clave e interrupciones en la cadena de suministro.
Segundo: Coordinar un mecanismo de respuesta que pueda incluir: asesoramiento político específico, evaluación de las posibles necesidades de financiación y la prestación de apoyo financiero conexo (incluso mediante financiación en condiciones favorables), y el uso de herramientas de mitigación de riesgos según corresponda.
Tercero: Movilizar a las partes interesadas pertinentes, incluidos otros socios multilaterales, regionales y bilaterales, para brindar un apoyo coordinado y eficiente a los países que lo necesiten.