La Habana, Cuba.- Un día después de que el presidente cubano Miguel Díaz-Canel reconociera el impacto de una orden ejecutiva estadounidense que le impide a la isla conseguir petróleo, algunas consecuencias ya comenzaron a sentir, como la limitación en el transporte público interprovincial y el llamado a la semipresencialidad en ciertos lugares educativos.
Aunque durante un recorrido de The Associated Press el viernes por La Habana se observó las escuelas primarias y secundarias funcionando con normalidad, así como los centros laborales, los bancos, las panaderías, las bodegas y las farmacias.
Las colas en las estaciones de servicio eran de varias cuadras, aunque más o menos las mismas que han marcado los últimos años y de manera intermitente a Cuba en medio de una fuerte crisis económica en el último lustro.
En las calles, las personas expresan preocupación por los tiempos difíciles que se viven y que podrían empeorar ante la falta de transporte y otros servicios básicos, así como el funcionamiento del país.
“Se está viviendo como se puede”, dijo Cristina Díaz, una empleada de 51 años y madre de dos niños. ¿Qué puedo hacer yo? Vivo aquí, nací aquí y me toca. Tengo que caminar para (ir a trabajar y) poder darles la comida a mis hijos”.
El mensaje de la mujer para el presidente estadounidense Donald Trump, que amenazó con castigos arancelarios a los países que se atrevan a entregar petróleo a la isla, fue concreto: “que nos deje tranquilos”.
El mandatario norteamericano dijo que la isla era un estado “fallido” y que su economía colapsaría pronto. México y Rusia son los otros proveedores de combustible.
La isla produce apenas el 40% del combustible que consume.
Por lo pronto y debido a la falta de combustible, la empresa nacional de transporte indicó que algunos servicios en el oriente cubano quedarían limitados.