Defensor de la dictadura y admirador de Trump, el candidato de la ultraderecha a la presidencia de Brasil

Su verborrea le ha acarreado sanciones en la Justicia Civil por homofobia, por incitar a la violación y por expresiones racistas

Jair Bolsonaro / Foto: AP

Sao Paulo, Brasil (EFE).- El ultraderechista Jair Bolsonaro, un polémico excapitán del Ejército, afronta el reto de convertirse en el próximo presidente de Brasil con un discurso autoritario, radical y repleto de ataques contra las políticas raciales y de igualdad.

Con casi treinta años de carrera parlamentaria, Bolsonaro, de 63 años y quien lidera por un corto margen las encuestas para las elecciones del próximo octubre, fue proclamado el domingo oficialmente como candidato por el Partido Social Liberal (PSL).

Nacido en Campinas, en el estado de Sao Paulo, es un defensor de la dictadura militar que gobernó el país entre 1964 y 1985 y asegura que si gana las elecciones, el Ejército volverá a estar en la primera línea de la política brasileña.

"En mi gabinete tendré, sí, muchos militares. Los Gobiernos anteriores colocaron guerrilleros, terroristas y corruptos y nadie decía nada", afirmó recientemente en un foro.

Su popularidad ha crecido notoriamente, pues hace tres años contaba con apenas un 5 % de los apoyos en los sondeos de intención de voto, que hoy lidera con un 20 % en un escenario sin el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, preso por corrupción y virtualmente inhabilitado.

El hastío y el descrédito en los partidos tradicionales por los múltiples escándalos de corrupción, la violencia desbocada en muchas regiones del país y la severa crisis económica han impulsado a este polémico candidato que ya declaró que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, "es un ejemplo" para él.

"Necesitamos jerarquía y disciplina para alcanzar orden y progreso", señaló en una entrevista.

Diputado por Río de Janeiro durante siete mandatos, siendo el más votado en ese estado en las elecciones de 2014, Bolsonaro ha enarbolado la bandera de los "valores tradicionales" de la familia, entre declaraciones improvisadas y de corte populista que han causado estupor entre colectivos raciales, feministas y LGTBI.

Libre de acusaciones por corrupción, su verborrea le ha acarreado sanciones económicas en la Justicia Civil por homofobia, por incitar a la violación y por "expresiones injuriosas" que "ridiculizan, maltratan o deshumanizan a la población negra", de acuerdo con una sentencia dictada en primera instancia.

En 2003 la diputada Maria do Rosário, del Partido de los Trabajadores (PT) le acusó de promover la violencia, incluso la sexual, a lo que Bolsonaro respondió: "Jamás te violaría, porque no lo mereces".

A su expediente hay que sumar la reforma educativa con la que pretende acabar con cualquier tipo de ideología de género en las escuelas y con las cuotas raciales en la educación superior en un país en el que la población negra, a pesar de ser mayoritaria, sufre un alto grado de discriminación.

Bolsonaro es padre de cinco hijos, tres de los cuales ya son legisladores: Eduardo, diputado federal; Flávio, diputado estatal en Río; y Carlos, concejal en Río.

También quiere promover una legislación para facilitar el acceso de las personas a las armas ("Son la garantía de nuestra libertad") para que puedan ejercer su "derecho a la defensa". Brasil viene registrando en los últimos años alrededor de 60 mil asesinatos anuales.

La última polémica sobre este asunto la protagonizó esta semana cuando enseñó a una niña a imitar un arma con las manos, un gesto que él utiliza a menudo en sus actos, y que pese a las críticas recibidas, volvió a repetir en la víspera con otro menor.

Reconoce "no entender" de economía y para ello ha sumado a su causa al economista Paulo Guedes, fundador del banco Pactual y un liberal convencido que apuesta por una disminución drástica del Estado brasileño y del gasto público.

No obstante, el liderazgo que ostenta actualmente Bolsonaro en las encuestas se puede venir abajo ya que está encontrando dificultades para cerrar alianzas con otros partidos, lo que le haría ganar más espacio en radio y televisión.

El excapitán del Ejército cuenta, hoy por hoy, con apenas unos pocos segundos, debido al minúsculo peso que tiene su partido en el Congreso brasileño.

Sin embargo, la falta de apoyos no parece importarle demasiado en unas elecciones que se presentan como las más inciertas desde la redemocratización del país, en 1985.

Bolsonaro, que ha modulado su retórica radical y autoritaria en las últimas semanas, confía en sí mismo y en uno de sus principales lemas: "Brasil por encima de todo y Dios encima de todos".