MONGBWALU, República Democrática del Congo (AP) — El doctor Richard Lokudu, director médico del Hospital General de Referencia de Mongbwalu, apenas ha recibido compensación por su trabajo en primera línea de uno de los brotes de virus del ébola más mortíferos de la República Democrática del Congo.
Lokudu y varios de sus colegas trabajan todo el día en el hospital atendiendo una afluencia de pacientes. Las notificaciones de casos sospechosos llegan incluso tarde por la noche.
"No he recibido mi asignación (y) lo que les pasó a otros también podría pasarme a mí", dijo Lokudu a The Associated Press. "A pesar de todas las medidas de prevención y control de infecciones que estamos implementando, no sabemos qué puede ocurrir".
Las autoridades sanitarias creen que el brote, que tomó por sorpresa a la región oriental del Congo tras propagarse en silencio durante semanas sin ser detectado, comenzó en la bulliciosa zona minera de Mongbwalu, en la provincia de Ituri.
Condiciones mineras propicias para la propagación del virus
Mongbwalu se ha convertido en el epicentro del raro tipo Bundibugyo. La localidad atrae a muchos trabajadores que laboran en grandes minas de oro con charcos fangosos de depósitos auríferos, pozos estrechos y cuevas. Viven en zonas de bajos ingresos, incluidos campamentos hacinados, y tienen poco acceso a protocolos sanitarios adecuados.
Las condiciones aumentan la posibilidad de transmisión de la enfermedad, que se propaga por contacto cercano con fluidos corporales de personas enfermas y fallecidas, como sudor, sangre, heces y vómito.
También ha habido un escepticismo generalizado respecto a la enfermedad, lo que dificulta el trabajo de tratamiento médico para Lokudu y sus colegas, al tiempo que algunos trabajadores de salud y personal de emergencias han muerto a causa de la enfermedad.
"Una cosa es estar lejos y escuchar que se reportan estadísticas, pero lo que está ocurriendo aquí es enorme", dijo Lokudu. "La gente está sacrificando su descanso y su comodidad por esta causa. Debería reconocerse que merecen compensación. Estos trabajadores deberían recibir sus salarios con regularidad".
El gobierno congoleño no respondió a una solicitud de comentarios de la AP.
Escasos recursos disponibles
Las autoridades congoleñas difundieron nuevas estadísticas el domingo, indicando que hasta el viernes ha habido 488 casos confirmados, incluidos 86 fallecimientos. El país de África Central registró el jueves 71 nuevos casos en un solo día, lo que, según las autoridades, es una señal de "transmisión comunitaria activa".
En la vecina Uganda ha habido 19 casos confirmados y dos fallecimientos.
El raro tipo Bundibugyo no tiene vacunas ni tratamiento aprobados, por lo que los trabajadores de salud congoleños se han centrado en los síntomas de la especie. El gobierno indicó que al menos cinco personas se han recuperado del ébola desde que el brote fue confirmado oficialmente por el Ministerio congoleño de Salud el 15 de mayo.
La enfermedad "tuvo una gran ventaja inicial", según el director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus. Los hospitales de la región carecían de medios para hacer pruebas diagnósticas para el tipo correcto de ébola que había empezado a propagarse varias semanas antes de la confirmación.
El personal sanitario enfrenta la enfermedad con recursos mínimos, porque varias agencias se han apresurado a llevar ayuda a la región. Al principio, las mascarillas, los guantes, las botas y los medicamentos escaseaban.
"Ha habido un deterioro del sistema de salud", señaló Heather Kerr, directora del Comité Internacional de Rescate en República Democrática del Congo. "No ha habido inversión en el sistema de salud, y esto viene ocurriendo desde hace años".
Condiciones difíciles para el personal sanitario
"Durante la primera semana, ni siquiera tuvimos tiempo de ir a casa y comer. La segunda semana fue igual. Sólo comemos una vez al día, lo que equivale a desayunar por la noche", relató Alice Bamuhinga, enfermera del hospital de Mongbwalu.
Incluso con el escepticismo generalizado y el desprecio por los protocolos sanitarios, muchos en la localidad están tomando conciencia de la grave realidad del brote.
Asero Jeanne, de 52 años, tenía cinco hijos. Dos murieron por la enfermedad en dos semanas. Cuando su hija enfermó, la familia pensó que era malaria y los vecinos les aconsejaron evitar el hospital, diciendo que "cualquiera que fuera allí moriría de inmediato", según Jeanne.
La hija murió después de tres semanas alternando entre hospitales y la casa, y luego un hijo falleció días después. Entonces Jeanne se enfermó.
"Vi morir a unas 20 personas", dijo Jeanne. "Vi cómo las llevaban a la morgue y, aun así, Dios me está permitiendo salir de aquí con vida. Les doy las gracias a los médicos".
La OMS ofrece un plan
Tedros lanzó un plan de 518 millones de dólares el viernes para combatir el brote, y afirmó que "contener el ébola depende del compromiso político, de un financiamiento continuado y de la confianza y participación de las comunidades".
Los esfuerzos para contener la enfermedad también se han visto obstaculizados por el conflicto entre el gobierno y el grupo rebelde M23, respaldado por Ruanda, además de los ataques de milicianos islamistas.
Para los trabajadores de salud en primera línea del brote de ébola en la República Democrática del Congo, el trabajo se ha vuelto más difícil a medida que la enfermedad se propaga más rápido que su capacidad actual de tratamiento.
"A pesar de las alertas que recibimos y de los equipos que tenemos en el lugar, nos faltan medios para desplazarnos por el terreno", afirmó Lokudu. "Como resultado, hay alertas que no podemos investigar".