BUENOS AIRES.- El médico argentino Marcelo Moretti duerme menos horas y en las que logra conciliar el sueño no descansa como desearía porque piensa muchas veces en sus pacientes.
Este médico de guardia trabaja más de 70 horas semanales y es uno de los muchos intensivistas mal pagados que enlazan extensas jornadas en sucesivos hospitales para lograr ingresos con los que llegar a fin de mes, mientras la población no cumple las medidas de prevención y los casos se disparan en el interior del país.
“Estamos sufriendo el estrés, el cansancio laboral, nos sentimos abatidos”, dijo pocos días atrás Moretti en la sala de terapia intensiva donde enfermos del coronavirus peleaban por sobrevivir.
A principios de septiembre, la Sociedad Argentina de Terapia Intensiva alertó que, pese a que la cuarentena implementada el 20 de marzo permitió el reforzamiento del sistema sanitario con un mejor equipamiento, los cuidados críticos están al borde del colapso porque, a diferencia de las camas y los respiradores “los trabajadores no pueden multiplicarse”. El desborde se siente especialmente en los hospitales de las provincias del interior, luego de que la pandemia se extendió desde Buenos Aires.