El reto, salvar a niños soldados en Ruanda

Kigali.- Ruanda ha reintegrado a más de 2.000 niños soldados desde el 2001, aunque aún lidia con llegadas de menores reclutados en milicias de la vecina República Democrática del Congo (RDC), a los que acogen para darles apoyo psicológico y educativo.

En el centro de rehabilitación infantil de Muhoza, a las afueras de Kigali, atienden a casi un millar de menores que han vivido gran parte de su infancia en la selva congoleña, donde operan un centenar de milicias y grupos rebeldes.

Los chicos llegan a este centro, de gestión gubernamental, huyendo de la inseguridad, las enfermedades, el hambre e incluso los crímenes contra la Humanidad atribuidos a rebeldes (violaciones, asesinatos o secuestros), relata a Efe el gerente, Charles Barisa.

Jean Claude Masengesho nació en Kawongo, una localidad de la virulenta provincia nororiental de Kivu del Norte (RDC), y cuando su madre -ruandesa- murió, se quedó a cargo de su hermano, que poco después fue capturado por una milicia.

La vida -dice- se volvió dura y eso le obligó en 2015 unirse, con 15 años, a las Fuerzas Democráticas por la Liberación de Ruanda (FDLR), grupo rebelde conformado por hutus que huyeron de la persecución del Gobierno ruandés en represalia por el genocidio de 1994 contra los tutsis, y que fueron acogidos en un país -llamado entonces Zaire- gobernado por el dictador Mobutu Sésé Seko.

“En la selva nos enfrentábamos a problemas inimaginables”, recuerda Masengesho en una conversación con Efe en el centro de Muhoza.

Según el psicólogo del centro, Eugene Rutayisire, “cuando un niño llega, nuestro equipo médico intenta conversar de una manera amistosa e interactiva con él para descubrir los problemas físicos o mentales que pueda estar sufriendo”.

En Muhoza, a quienes quieren seguir sus estudios se les ofrece esa posibilidad y si no, pueden realizar cursos ocupacionales de costura, soldadura, carpintería, mecánica o electromecánica.