Caracas, Ven.- Muchos días, Ramón Medina no tiene otra opción que faltar al trabajo para llegar a fin de mes.
Como le ocurre a casi la mitad de los venezolanos, gana el sueldo mínimo -el equivalente a unos tres dólares mensuales- por lo que cada vez que en su celular suena un aviso, deja su puesto de trabajo en un hospital para poder llevar a casa una de las bolsas de comida que entrega el gobierno y de la que depende para alimentar a su familia.
Pero no es el único que pasa por problemas. En un día normal, estima que un tercio de sus compañeros del Hospital Vargas de Caracas faltan a sus puestos para acudir a un segundo empleo más lucrativo o para pasar horas en filas para comprar harina y aceite a unos precios que es imposible dejar pasar. Esto supone que pocos se quedan en el hospital para cuidar a los pacientes, dijo Medina, de 55 años.
Además de una inflación de cuatro dígitos, escasez generalizada y una recesión peor que la de la Gran Depresión estadounidense, la economía de Venezuela se está viendo afectada ahora por un nuevo problema: un ausentismo laboral significativo.