Beijing, China.- En un nuevo giro de la estrategia china contra el COVID-19, en las veredas de Beijing y otras ciudades han aparecido miles de cabinas de pruebas diagnósticas.
Se forman filas cada día, llueva o haga sol, incluso cuando los contagios están prácticamente desaparecidos. Algunas personas necesitan la prueba para ir a trabajar. Otras quieren ir de compras. En la práctica, todas están obligadas a hacerse pruebas para mostrar un resultado negativo a la entrada de edificios, centros comerciales y otros recintos públicos.
Los controles habituales se han convertido en la nueva normalidad, mientras el Partido Comunista, que gobierna el país, se aferra a una estrategia de “cero COVID” que cada vez se distancia más del resto del mundo.
Las grandes ciudades han recibido orden de habilitar centros de pruebas a una distancia de 15 minutos a pie para todos los habitantes. Muchos son cabinas cuadradas donde los trabajadores sacan manos protegidas con guantes a través de unas aberturas para tomar muestras de la garganta de los ciudadanos.
El despliegue se ha producido tras un brote en Shanghái tan grande que las autoridades confinaron a toda la ciudad durante dos meses, una medida que dejó atrapadas a millones de personas .