En Ecuador se viven unas penosas despedidas

Bogotá, Col.- Alfonso Cedeño falleció en un atestado hospital de Guayaquil, donde la única cama disponible era la camilla de una ambulancia. Dos semanas después, su familia no sabe dónde fue a parar su cadáver.

Personas que han perdido seres queridos, ya sea por el coronavirus o por otros males, en esta metrópolis de 2,6 millones de habitantes dicen que el entierro de sus familiares es tan penoso como conseguir que reciban atención en una de las ciudades más infectadas de América Latina.

Cientos que fallecieron en sus casas permanecieron días en las salas de estar, a la espera de que los médicos forenses vayan a recoger los cadáveres, aunque el gobierno dice que ese trámite se aceleró ahora. 

Quienes mueren en hospitales son colocados en contenedores de carga refrigerados que hacen de morgues improvisadas.

Los más afortunados son colocados en ataúdes de cartón porque los de madera han encarecido mucho o no hay disponibles. Los familiares entierran a los muertos después de esperar turno por horas en camionetas en las afueras de los cementerios. “Es un llanto total. Las familias gritan”, dijo Merwin Terán, propietario de una funeraria en Guayaquil.