Los sirios que viven en zonas controladas por el gobierno y han sobrevivido ocho años de guerra ahora enfrentan un nuevo flagelo: una escasez generalizada de combustible que ha paralizado grandes ciudades.
En las gasolineras se forman filas de cientos de autos, y en las tiendas de gas para cocinar la gente comenzaba a hacer línea antes del amanecer. Los taxistas están cruzando al Líbano para comprar gasolina, y luego cobran el doble por su servicio.