CEUTA, España.- Durante semanas, los migrantes que llegaron al territorio español de Ceuta se habían reunido en una playa alejada del centro de la ciudad, durmiendo sobre cartones, bajo chozas de caña y vigilando sus pocas pertenencias en bolsas de plástico desgastadas.
El jueves por la mañana, la policía española los escoltó a refugios improvisados. Pero una hora después, otros migrantes hurgaban entre la basura que habían dejado atrás en busca de cualquier cosa útil: un colchón abandonado, sillas de plástico, sábanas, un trozo de lona.
La escena ejemplificaba la crisis humanitaria en Ceuta, donde hasta 10.000 migrantes han permanecido en la ciudad semanas después de la primera oleada en la frontera, en la que más de 72.000 migrantes llegaron en masa al pequeño territorio español vecino de Marruecos.
A pocos días de la primera avalancha en la frontera, en la que murieron al menos 90 personas, la mayoría de los migrantes regresó a Marruecos, tras darse cuenta de lo difícil que era quedarse en Ceuta y de sus escasas posibilidades de llegar a la Europa continental. Pero miles se quedaron, escondiéndose en los bosques, en las playas y en las afueras de un centro de acogida de migrantes.