Londres, Ing.- Un poni de raza Shetland regalo de su abuelo, el rey Jorge V, despertó el amor de la reina Isabel II por los caballos a la temprana edad de cuatro años, una pasión que la acompañó durante el resto de su vida.
La soberana fue durante décadas la figura central del certamen ecuestre de Royal Ascot y conquistó algunas de las carreras más prestigiosas con purasangres criados en sus fincas.
Jinete experta, llegó a negociar asuntos de Estado con el presidente de EU Ronald Reagan en un célebre paseo a caballo en 1982, cuando abordaron el respaldo de Washington a la guerra de las Malvinas, entre otros asuntos, durante un paseo sobre sendas monturas.
Mantuvo ese entusiasmo hasta sus últimos años. El pasado abril, al cumplir 96, la monarca celebró su aniversario publicando una fotografía tomada en los terrenos del castillo de Windsor junto a dos de sus ponies, Bybeck Nightingale and Bybeck Katie, dos ejemplares blancos de las montañas inglesas de Cumbria.
La tradición equina tenía ya además profundas raíces en la familia real británica.
La reina Ana fundó en 1711 el circuito de carreras de Ascot, a pocos kilómetros del castillo de Windsor, donde desde entonces se reúne cada año la alta sociedad y la realeza del Reino Unido.
La propia reina, también aficionada a las apuestas, solía competir con los caballos de su propiedad.