LIMA.- Cuando Pedro Castillo llegó a la presidencia de Perú el año pasado, su victoria fue celebrada como propia por los pobres del país: los campesinos y los indígenas que viven en las profundidades de los Andes y cuyos problemas habían sido ignorados durante mucho tiempo.
Sus partidarios esperaban que Castillo, un populista con raíces humildes, reparara su situación o, al menos, acabase con su invisibilidad.
Pero durante sus 17 meses en el cargo antes de ser destituido y detenido el miércoles, sus seguidores vieron cómo enfrentaba el mismo racismo y discriminación que suelen experimentar ellos. Castillo fue objeto de burlas por utilizar un sombrero y un poncho tradicionales, ridiculizado por su acento y criticado por incorporar ceremonias indígenas a los actos oficiales.
En las protestas contra el gobierno de Castillo aparecía un burro, símbolo de ignorancia en Latinoamérica, con un sombrero similar al suyo. Los ataques fueron interminables, hasta el punto de que observadores de la Organización de Estados Americanos los documentaron durante una misión reciente al país, profundamente desigual y dividido.
Castillo dilapidó la popularidad que tenía entre los pobres, además de cualquier oportunidad que tuviera de cumplir sus promesas de mejorar sus vidas, cuando sorprendió a la nación al ordenar la disolución del Congreso el miércoles, a lo que siguió su destitución y detención acusado de rebelión. Su acto de suicidio político, que recordó a algunos de los momentos más oscuros del pasado antidemocrático de la nación, se produjo horas antes de que la cámara iniciase su tercer intento de enjuiciarlo políticamente.
Ahora, con Pedro Castillo detenido y el país dirigido por su ex vicepresidenta, Dina Boluarte, está por ver si ella sufrirá la misma discriminación.
Boluarte, una abogada que trabajó en la agencia estatal que gestiona los documentos de identidad antes de asumir la vicepresidencia, tampoco forma parte de la élite política peruana. Se crió en una localidad pobre de los Andes, habla una de las lenguas indígenas, quechua, y, de izquierdas como Castillo, prometió “luchar por los nadies”.
En un reporte, la Organización de Estados Americanos destacó que en Perú “existen sectores que promueven el racismo”.