Familiares de soldados de Azovstal presos denuncian maltrato y piden apoyo internacional

LEÓPOLIS, Ucrania  (EFE).- Al año de la evacuación de la asediada planta siderúrgica de Azovstal en Mariúpol las familias de los soldados ucranianos capturados por Rusia protestan por que sigan detenidos, denuncian maltrato contra ellos y piden un esfuerzo internacional para garantizar que siguen vivos y regresan a Ucrania.

El 16 de mayo de 2022 el mando del Ejército ucraniano dio orden a los líderes del regimiento "Azov" y otras unidades presentes en Azovstal de que dejaran la defensa y protegieran la vida de sus soldados.

Casi 2,500 se habían enfrentado a un fuego intenso de las fuerzas rusas, superiores en número, y a la falta de munición básica, medicinas y alimento durante los casi tres meses de asedio.

La salida de los soldados de la planta duró hasta el 20 de mayo y todos fueron detenidos por Rusia.

Casi dos mil (un 80 %) de ellos todavía siguen en cautividad, sometidos a torturas y trato inhumano y sin comunicación con sus familias, como estas denunciaron este martes.

Natalia Zarytska, responsable de la ONG "Mujeres de acero", afirmó que le resulta difícil imaginar que haya podido haber nada peor que el asedio, por el que los defensores lograron retrasar el avance de las tropas rusas a costa del sufrimiento por el bombardeo continuo y el hambre.

La detención rusa ha demostrado ser peor, afirmó, puesto que los prisioneros de guerra ucranianos tienen que soportar el hambre, el frío y varias formas de tortura, como interrogatorios de nueve horas, golpes constantes y tener que estar de pie todo el día en celdas abarrotadas.

"Durante un año han vivido un infierno en cautividad y, junto con ellos, sus familias, que han vivido el infierno de la incertidumbre", agregó Zarytska.

Según Natalia Kravtsova, madre de uno de los prisioneros, la primera información que recibió de su hijo le llegó en septiembre. Solo entonces supo que había sobrevivido a la muerte masiva de prisioneros ucranianos en el campo de detención de Olenivka.

El 29 de julio de 2022 unos cincuenta de ellos murieron en lo que sus familias denominan "asesinato masivo por parte de Rusia". 

Rusia culpó a Ucrania por la muerte de sus propios soldados por el impacto de un misil aunque negó el acceso a una misión de investigación de la ONU.

Kravtsova no ha tenido noticias de su hijo desde septiembre. Solo algunas familias han recibido una carta de sus seres queridos en cautividad por medio de la Cruz Roja, en algunos casos con un retraso de seis meses.

"Según la Convención de Ginebra tenemos derecho a conocer su paradero, su estado y a poder comunicarnos con ellos. Pero los rusos nos han aislado completamente de ellos", indicó Zarytska.

La información más fiable de los cautivos procede de quienes vuelven a Ucrania en los intercambios irregulares de prisioneros entre Rusia y Ucrania.

"A pesar de todos los esfuerzos, solo 50 (20 %) de los soldados capturados han vuelto hasta ahora", agregó Zarytska.

De los que regresaron en el último intercambio de prisioneros de comienzos de mayo muchos necesitaban rehabilitación, como el marido de Zarytska, Bohdan, que había sido antes objeto de otro intercambio.

"Había perdido mucho peso. Recuerdo cómo acariciaba una manzana durante minutos se la comía entera cuando fue liberado", dijo Zarytska.

Un mes más tarde su marido le dijo que ya no sentía nada y que tenía la impresión de que los rusos habían conseguido que la única sensación que le quedara era la de ser consciente del hambre.

Según Zarytska, las familias de los prisioneros "convierten en acción su dolor y sus lágrimas".

Alice, experta en tecnologías de información de Leópolis, ha estado recaudando fondos para ayudar a comprar equipos para los soldados ucranianos. Su hermano menor, guardia de fronteras, resultó herido en Mariúpol hace algo más de un año.

Hace una semana recibió una noticia de Rusia, a través de la Cruz Roja, según la cual sigue preso. Sin embargo Alice contó a EFE que no sabe nada más del estado de su hermano y ni si ha sido tratado adecuadamente de sus heridas.

"La atención del resto del mundo es la garantía de su supervivencia. La necesitamos, así como el apoyo de organizaciones internacionales, para hacer posible que vuelvan a casa vivos", subrayó Zarytska. EFE

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