Riad, Arabia Saudí.- Bajo un sol abrasador y con múltiples tecnologías para combatir el calor, casi dos millones de musulmanes se han reunido en la ciudad santa de La Meca, en el oeste de Arabia Saudí, para cumplir con uno de los pilares del islam: la peregrinación.
En el primer día de los cinco que dura este ritual que sigue el camino que el profeta Mahoma realizó hace unos 1.400 años, según la tradición musulmana, los fieles se reúnen en la Gran Mezquita de La Meca para dar siete vueltas en torno a la Kaaba.
La Kaaba es una edificación cúbica recubierta con un paño negro, que tiene incrustado en uno de sus vértices la Piedra Negra, considerada por los musulmanes como un pedazo desgajado del Paraíso.
Muchos de los fieles, con togas si son hombres y cubiertas si son mujeres, deciden fotografiarse y documentar este camino sagrado que empieza en La Meca, aunque algunos pasan antes por Medina, donde el profeta está enterrado.
Los rituales se denominan “Al Taruia” y, tras pasar la noche en Mina, los peregrinos se dirigirán al monte Arafat, a unos 20 kilómetros al este de la primera localidad y lugar en el que se lleva a cabo el rito más destacado del hach.
Según la tradición, el profeta Mahoma pronunció su último sermón en ese monte, donde los peregrinos hacen el “uquf”, que literalmente significa levantarse o estar de pie, y permanecen en ese lugar hasta el atardecer.
El hach supone todo un reto para las autoridades saudíes, que han reforzado las medidas de seguridad y sanitarias con el fin de evitar que ocurran incidentes, como la estampida de 2015, en la que, según datos recabados por distintos países, murieron cerca de 2.000 peregrinos.