Ciudad del Vaticano.- El papa Francisco celebró la misa de Jueves Santo en la capilla del cardenal Angelo Becciu, antiguo sustituto de la Secretaria de Estado vaticana al que el pontífice destituyó en septiembre pasado por varios escándalos financieros.
El gesto del Francisco es altamente simbólico, pues fue el propio papa quien el pasado 24 de septiembre y por sorpresa obligó a Becciu a renunciar a su cargo de prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos y a los derechos del cardenalato por su posible implicación en varios escándalos financieros y quizá pensando en un futuro proceso.
Sobre Becciu recae la sospecha de malversación por enviar fondos vaticanos a empresas de su hermano, entre otros escándalos. Según el cardenal, se trata de acusaciones “sin absolutamente ningún fundamento”.
Misa crismal
El papa Francisco pidió a los sacerdotes “no escandalizarse ante las discusiones y controversias moralistas, leguleyas, clericales” cada vez que quieran hacer el bien, durante la misa Crismal con la que se abre el llamado Triduo pascual y con la que comienzan los ritos de la Semana Santa.
Francisco volvió a celebrar esta misa al inicio de la Semana Santa y que el año pasado fue aplazada por la pandemia a otra fecha, pero no celebró la de “Coena domini” del Jueves Santo con el lavatorio de los pies.
Además de los cerca de 40 cardenales presentes, también acudieron unos 75 sacerdotes, ya que en esta misa se conmemora la institución del sacramento del orden sacerdotal por Jesucristo durante la Última Cena y está dedicada a la renovación de los votos de pobreza, castidad y obediencia.
A los sacerdotes, Francisco recordó: “Nosotros no nos escandalizamos porque no se escandalizó Jesús al ver que su alegre anuncio de salvación a los pobres no resonaba puro, sino en medio de los gritos y amenazas de los que no querían oír su Palabra”.
Francisco recordó a los sacerdotes que “el anuncio del Evangelio siempre está ligado al abrazo de alguna cruz concreta. La luz mansa de la Palabra genera claridad en los corazones bien dispuestos, y confusión y rechazo en los que no lo están”, dijo.
Debido a la pandemia del coronavirus, el papa Francisco volverá, al igual que el año pasado, a oficiar todos los ritos de la Semana dentro de la basílica de San Pedro y con la presencia de pocos fieles, mientras que el tradicional vía crucis no será en el Coliseo, sino, de nuevo, en una desierta plaza.