BRUSELAS.- Dejar sin gas natural a Polonia y Bulgaria le costó muy poco al presidente de Rusia Vladimir Putin, pero la medida ha incrementado la presión sobre los países europeos que luchan por encontrar la manera de reducir las importaciones energéticas que alimentan los cofres de guerra del Kremlin y mantener un frente unido en torno a la guerra en Ucrania.
Funcionarios de la Unión Europea aseguran que ceder a las exigencias de Putin de pagar el gas en rublos violaría las sanciones impuestas por Occidente debido a la invasión. Rusia cortó el suministro a Polonia y Bulgaria después de rehusarse a cumplir con la demanda, y ambas naciones aseguran que se las ingeniarán debido a que ya habían tomado medidas para poner fin a su dependencia en los energéticos rusos.
Los analistas afirman que existe suficiente ambigüedad en la postura europea como para permitirle al Kremlin seguir intentando socavar la unidad entre las 27 naciones integrantes de la UE, incluso si una amenaza más extensa de dejar de proveer gas a clientes más importantes como Alemania e Italia resulta ser una advertencia vacía por las enormes pérdidas que esto significaría.
El cese de suministros causó escalofríos entre funcionarios de la UE que se preguntan cómo es que sus compañías de servicios públicos brindarán calefacción y generarán electricidad el próximo invierno.
La enorme perturbación en lo que Putin percibe como una alianza hostil tuvo costos mínimos para el mandatario ruso, ya que Polonia y Bulgaria son consumidores relativamente menores cuyos contratos de cualquier forma estaban por expirar a finales del año.
La importación total de gas de Polonia fue de apenas 10.000 millones de metros cúbicos anuales, un porcentaje menor considerando que Europa importa 155.000 millones de metros cúbicos de Rusia.
Esa cantidad de gas ya llega a Polonia desde otras naciones europeas.