Puerto Príncipe, Haití.- Cientos de residentes acudieron el domingo en una iglesia ubicada cerca de la capital de Haití para el funeral de cuatro de las 47 personas que fueron asesinadas por pandillas en un ataque tan brutal que sacudió a un país que lleva años luchando contra la violencia.
Los dolientes se secaban las lágrimas, levantaban las manos y gritaban mientras los ataúdes llegaban a una iglesia en la comunidad agrícola de Kenscoff.
"Agradecemos a todos los que vinimos en solidaridad con las familias que murieron y con quienes perdieron a sus seres queridos", declaró el pastor Jean Robert Dorlus. "Dios abre un espacio para recibirlos".
Dentro de la iglesia, la gente se mecía al ritmo de la música góspel. Algunos sollozaban con hombros temblorosos. Había tanta gente en la iglesia que decenas de personas no pudieron ingresar y vieron los servicios desde las ventanas mientras rendían homenaje a quienes estaban siendo velados: una madre, un padre y su hijo, y un hombre de 70 años a quien los pandilleros aprendieron fuego.
Las pandillas secuestraron a más de 50 personas durante el ataque, aunque recientemente dejaron en libertad a seis niños y siete mujeres.