Tijuana, BC.- Al caer la noche, unos 250 agentes de policía y empleados municipales entraron a un sórdido campamento de personas que esperaban solicitar asilo en Estados Unidos.
Los migrantes tienen que registrarse para recibir sus credenciales o marcharse. En cuestión de horas, los que se quedaron estaban rodeados por una cerca de tela metálica suficiente para doblar en altura a la Estatua de la Libertad.
Los campamentos, llenos de niños pequeños, son producto de las políticas que obligan a los migrantes a esperar en México a sus audiencias en cortes de inmigración estadounidenses o les prohíben solicitar asilo en virtud de medidas de salud pública relacionadas con la pandemia del coronavirus. La incertidumbre sobre las políticas de asilo de Washington también ha contribuido al crecimiento de las poblaciones migrantes en ciudades fronterizas mexicanas, lo que creó las condiciones para el nacimiento de más asentamientos de este tipo.
Los migrantes no suelen estar a la vista en esas ciudades, pero en Tijuana el campamento es muy visible y perturbador. Sus carpas cubiertas con lonas azules y bolsas de plástico negras bloquean la entrada a un cruce fronterizo por el que una media de 12.000 personas pasaban a diario a Estados Unidos antes de la pandemia de coronavirus. Es uno de los tres pasos peatonales a San Diego.
Estados Unidos reabrió por completo sus fronteras terrestres con México y Canadá para viajeros totalmente vacunadas el 8 de noviembre.