Estados como Nuevo León, Hidalgo, San Luis Potosí, Veracruz, Tamaulipas, Michoacán y Puebla se encuentran inmersos en una intensa competencia para lograr ser la sede de unas instalaciones de Tesla, un forcejeo que evoca lo que ocurre en ciudades y entidades de Estados Unidos que intentan ser elegidas por compañías tecnológicas dispuestas a invertir.
Los gobernadores de esos estados de México han recurrido a medidas extremas, las cuales incluyen contratar anuncios en carreteras, crear carriles especiales para vehículos o desarrollar bosquejos de anuncios del productor de automóviles eléctricos para sus estados.
Y no hay garantías de que Tesla construirá una gigafactory en forma. No se ha anunciado nada. El frenesí está fundamentado principalmente en que autoridades mexicanas han dicho que su director general Elon Musk hablará por teléfono próximamente con el presidente Andrés Manuel López Obrador.
Una gigafactory se puede definir como una planta de fabricación para motores eléctricos, productos de almacenamiento de energía, sistemas de propulsión y baterías para vehículos.
Actualmente, Tesla tiene cuatro gigafábricas en Estados Unidos, dos operan en Nevada y Búfalo, mientras que las otras dos fueron construidas en Berlín y Shanghai.
El estado industrial norteño de Nuevo León parecía tener una ventaja temprana en la contienda. El verano pasado pintó el logotipo de Tesla en un carril en el cruce fronterizo Colombia para ingresar a Texas, y en diciembre colocó anuncios en Monterrey, la capital estatal, que decían: “Bienvenido Tesla”, en inglés.
La esposa del gobernador, Mariana Rodríguez, incluso apareció en fotos filtradas en una reunión con Musk.
Sin embargo, López Obrador pareció excluir al estado semidesértico, alegando que él no permitirá el que suele ser un elevado uso de agua por parte de las fábricas, lo que generaría el riesgo de que haya escasez allí.
PUJA peligrosa
Eso desató una intensa competencia entre otros estados de México, similar a lo que ocurre a la hora de alimentar a pirañas en un tanque de agua. Entre los ofrecimientos de los gobernadores hubo algunas propuestas muy bien elaboradas y otras con cierto aire cómico.
“El único estado que tiene exceso de gas es Veracruz”, declaró Cuitláhuac García, gobernador de ese estado con litoral en el Golfo de México, y rápidamente añadió: “…para uso industrial, para uso industrial”.
El gobernador de Veracruz llegó tarde a la puja, y tuvo que hacer un esfuerzo mayor: hizo notar que en Veracruz se encuentra la única nucleoeléctrica de México. Además, aseveró que el estado cuenta con el 30% del agua potable del país, aunque la Comisión Nacional del Agua dice que esa cifra es en realidad del 11%. Aparentemente en México la disponibilidad de agua es un punto crucial a tomar en cuenta.
Por su parte, el gobernador de Michoacán, Alfredo Ramírez Bedolla, no quiso quedar fuera de la contienda por la planta. Rápidamente publicó un bosquejo de un anuncio de Tesla en el que aparece un vehículo de la marca junto a un aguacate del tamaño de un automóvil -el producto del estado más reconocido a nivel internacional-, acompañado de la frase: “Michoacán, la mejor opción para Tesla”.
“Tenemos suficiente agua”, dijo el gobernador Ramírez Bedolla en una entrevista televisiva que concedió entre reuniones con personajes de la industria automotriz y representantes empresariales internacionales.
El enfoque de López Obrador en el agua podría ser una cuestión más política que relacionada con la sequía, dijo Gabriela Siller, economista en jefe del Banco Base, con sede en Nuevo León. Señaló que el mandatario parece intentar guiar las inversiones de Tesla a un estado gobernado por su partido Morena, como Michoacán o Veracruz.
Ese podría ser un juego peligroso, advirtió por su parte Siller.
“Tesla puede decir que no es un muñeco que lo llevan adondequiera, sino que él decide, y puede decidir no ir a México”, señaló.
Hay dudas de que, sea lo que sea que Musk anuncie a la larga, se trate de una planta de ensamblado de autos. El secretario de Relaciones Exteriores de México, Marcelo Ebrard, dijo que hasta donde él sabe no será una fábrica, sino más bien un “ecosistema” de proveedores.
Anteriormente Musk ya ha hecho promesas que no se materializan, u ocurren años después de cuando él dijo que llegarían. Por ejemplo, en 2019 prometió que una flotilla de robotaxis totalmente autónomos recorrería los caminos a partir de algún momento de 2020. Casi tres años después, Tesla aún no vende ningún vehículo autónomo.
Una inversión de Tesla en México podría formar parte de una “deslocalización cercana” (nearshoring, en inglés) por parte de empresas de Estados Unidos que solían fabricar en China, pero que ahora se muestran recelosas de los problemas logísticos y políticos allá. El que esas compañías pongan los ojos en el país latinoamericano representa la mayor esperanza de éste de captar inversiones extranjeras.
“La lucha por traer las inversiones que este fenómeno de ‘nearshoring’ generará va a ser dura, compleja entre estados”, señaló Alfaro.
Ramírez Bedolla resumió lo que está en juego: “En donde se instale Tesla sería una gran noticia”.