Washington.- Ofrecer sexo a cambio de ventajas en una operación de espionaje, estrechar lazos con un poderoso grupo defensor de las armas o el uso del traductor de Google para contactar con fuentes eran algunas de las técnicas empleadas por Mariia Butina, la supuesta agente rusa encubierta detenida en EU.
La meta de Butina, una ciudadana rusa que no dudó en poner sobre la mesa su cuerpo y servicios sexuales para lograr un puesto en una organización que facilitaría sus objetivos, era favorecer los intereses del Kremlin en EU, según se extrae de los documentos judiciales basados en investigaciones del FBI.
Con una larga melena pelirroja, Mariia Butina accedió este miércoles a la sala de un tribunal federal de Washington, donde se declaró no culpable de un delito de conspiración contra EU y de ser una agente encubierta para una potencia extranjera, aunque finalmente fue enviada a prisión preventiva.
De acuerdo a un memorándum presentado por el Departamento de Justicia, la presunta espía rusa había tejido una red de influyentes contactos en EU para beneficiar al Kremlin, una tarea por la que inició una relación sentimental con uno de sus contactos estadounidenses, con quien vivía.
De este documento también se extrae que la acusada comenzó a hablar desde Rusia con este estadounidense en 2013.
Posteriormente, se sirvió de una herramienta del gigante tecnológico Google, concretamente su traductor, para entablar conversaciones en inglés y presentarle una “propuesta de proyecto” ante las elecciones de 2016.
“El temor de que Butina se dé a la fuga se incrementa si se tienen en cuenta sus conexiones con agentes de la inteligencia rusa”, dijo la fiscalía. Los resultados de las investigaciones, narró el Gobierno, recogen que la detenida mantuvo vínculos con supuestos agentes de inteligencia rusos y con oligarcas conectados con la Presidencia del Kremlin.
Durante la audiencia, el equipo legal del Ejecutivo mostró una imagen de Butina en la que se le apreciaba en un restaurante con un presunto espía ruso y otra fotografía en la que aparecía cerca del Capitolio durante la toma de posesión de Trump en enero de 2017.