En los bombardeos registrados desde el viernes hasta hoy murieron en total 27 personas y decenas resultaron heridas.
Según el Ministerio de Salud de Beirut, desde el inicio de la nueva ronda de guerra, el pasado 2 de marzo, Israel mató a 4.381 personas en el Líbano y dejó heridas a otras 12.402.
Por su parte, Israel afirmó que el ataque contra Kfar Remman alcanzó una infraestructura de Hezbolá "en respuesta al lanzamiento de drones" contra sus fuerzas en el sur del Líbano. También informó que dos de sus soldados resultaron heridos en un tiroteo con combatientes libaneses en la zona del castillo de Beaufort.
El contexto, cada vez más tenso, llevó al presidente libanés, Joseph Aoun, a calificar los ataques israelíes de "crímenes inaceptables" y afirmar: "Si Israel quiere la guerra... que lo diga claramente".
Como otra señal del deterioro de la situación, el Ejército israelí alertó a los habitantes de la Galilea del norte sobre una serie de ataques inminentes en territorio libanés, cuyas explosiones podrían escucharse también en territorio israelí.
En este escenario, la sociedad civil libanesa volvió a movilizarse en dos frentes opuestos. Por un lado, para reclamar el despliegue del Ejército regular en Nabatiye y la retirada y el desarme de Hezbolá "para salvar Nabatiye".
Por otro, los alcaldes de localidades del sur ocupadas por Israel, históricamente identificadas con la resistencia de Hezbolá, protestaron contra el gobierno de Beirut, al que acusan de no hacer lo suficiente para impedir que Israel destruya más de 60 localidades del sur del Líbano, obstaculizando así el retorno de sus habitantes a largo plazo.