McCain fue una voz intrépida y franca hasta el final, inquebrantable en la defensa de los valores democráticos y sin vacilar en sus críticas al presidente Donald Trump, su correligionario republicano. Fue elegido seis veces senador por Arizona, pero fracasó en sus dos intentos por llegar a la Casa Blanca.
Fue elegido a la Cámara de Representantes en 1982 y al Senado en 1986. Impulsó reformas a las leyes de financiación de campaña y esfuerzos para descubrir la suerte de los desaparecidos en Vietnam.
Una búsqueda por la candidatura republicana en 2000 duró poco. Ocho años después, la ganó, pero sería luego superado ante el demócrata Barack Obama. En esa contienda eligió compañera de fórmula a una ignota gobernadora de Alaska, Sarah Palin, quien fue proyectada a los planos nacionales.
Derrotado por amplio margen, McCain regresó al Senado resuelto a no permitir que lo definiera una campaña fallida en que se marchitaron sus laureles de rebelde. Siempre luchó enérgicamente por sus ideas y replicó con fuerza a sus detractores, Trump entre los primeros.
Ante la pregunta sobre cómo quería ser recordado, McCain respondió: “como alguien que hizo un gran aporte a la defensa de la nación”.
Un voto suyo hacia el final de su carrera, en 2017, pasará a la historia: Con su decisivo “no” a la derogación de la ley de Cuidado de Salud Asequible, McCain fue el insólito salvador de la mayor hazaña legislativa de Obama.