La matanza hinduista de 58 aldeanos "intocables" en la India, sin justicia 25 años después

Laxmanpur-Bathe, India (EFE).- El 1 de diciembre de 1997, radicales hindúes de casta alta armados con pistolas y machetes mataron a 58 aldeanos en el norte de la India, en su mayoría miembros de la marginada comunidad dalit o "intocable". 25 años después, las víctimas de la matanza siguen sin obtener justicia.

La aldea de Laxmanpur-Bathe, bordeada por el río Sone y accesible solo por un camino de tierra, está situada en una zona rural del estado de Bihar. Separados como marca el rígido sistema de castas hindú, en una parte de la localidad viven las castas altas y, en el área más deprimida, las bajas, en su mayoría "intocables".

Aquel 1 de diciembre de 1997, caída ya la noche a última hora de la tarde, un centenar de miembros de la milicia hinduista Ranvir Sena irrumpieron armados en el barrio marginal de casas de barro, algunos llegados en embarcación, la mayoría a pie desde la zona pudiente de la aldea, e iniciaron el ataque indiscriminado.

"Fueron muy rápidos, masacraron a todos con pistolas y machetes en menos de media hora", explica a EFE el anciano Laxman Rajvanshi, que perdió esa noche a su mujer, a una hija y a su nuera. "Primero les dispararon y a los que aún respiraban les rajaron la garganta. Hubo asesinatos en todos lados". En una casa vecina mataron a seis.

De acuerdo con la versión más repetida, esta milicia formada por terratenientes de casta alta quería dar una lección a los campesinos, después de que reclamaran jornales más altos.

Laxman, de unos 70 años, oye muy mal y hay que hablarle casi a gritos cerca de su oído derecho. Nos reunimos junto a otros vecinos cerca del monumento -instalado por el partido comunista- dedicado a las víctimas de la masacre: un sencillo bloque pintado de rojo con los nombres y edades de los 58 fallecidos: el más joven de un año.

El anciano es el principal testigo de la masacre. Más tarde, en su casa, reconstruye lo sucedido aquel día.

Su vivienda es una de las últimas del barrio antes del camino que lleva al río, por donde aparecieron varios de los atacantes. La casa está rodeada por un pequeño muro y, tras superar el portón de madera, hay un patio y una choza de barro. Al fondo del patio está la vivienda principal, de ladrillo. Hace 25 años todas eran de barro.

Según cuenta Laxman, cuando llegaron los atacantes se escondió tras el muro lateral de su vivienda, entonces mucho más bajo. Abrieron a golpes el portón, entraron con linternas en la primera choza de barro y sacaron a la fuerza a las mujeres. Allí, en el suelo del patio, les dispararon.

"Si hubiera intentado evitarlo, me habrían matado también", dice el anciano. Muchas de las víctimas son mujeres y niños, ya que en un principio las familias pensaron que los atacantes solo buscarían a los hombres, dejando en paz al resto. Se equivocaron.

Uno de los niños a los que dispararon fue Bimlesh Rajvanshi, que entonces tenía diez años. La bala le rozó la mejilla derecha y al caerse le dieron por muerto. Mataron a su padre, a sus dos hermanos y a sus esposas. La madre había fallecido antes de muerte natural.

Bimlesh aún tiene la cicatriz por el disparo y no consigue quitarse el miedo de encima. "Todavía amenazan con matarme después de 25 años, todavía tengo ese miedo de no saber si me matarán algún día. Soy el último que quedó de mi familia".

Las víctimas conocen a muchos de los atacantes, son sus vecinos. Laxman cita algunos nombres. Tanto el anciano como Bimlesh suelen recibir la misma amenaza para evitar que testifiquen: "Matamos a 58 y no hemos sido condenados, matar a uno más no supondrá nada".

EL JUICIO

El proceso judicial comenzó formalmente en 2008, después de retrasos sucesivos durante once años. Según detalla un documento del Movimiento Nacional Dalit por la Justicia (NDMJ) compartido con EFE, en ese momento 38 de los 91 testigos se habían vuelto "hostiles". Finalmente 44 personas fueron procesadas.

Después de que algunos de los acusados fallecieran durante el juicio, un tribunal de Patna, la capital regional, condenó en 2010 a 26 personas -16 a muerte y el resto a cadena perpetua- por asesinato, conspiración criminal y atrocidades.

Pero en 2013, para sorpresa de muchos, la Corte Superior de Patna absolvió a todos los condenados, al indicar, entre otros puntos, que estaba muy oscuro para poder reconocer a los atacantes, dándoles así "el beneficio de la duda", explicó a EFE el abogado Rahul Singh, secretario general de la organización NDMJ.

Singh apeló la sentencia ante el Tribunal Supremo, pero el caso todavía está "pendiente", sin que se hayan iniciado las audiencias.

El abogado advierte además sobre una situación que se ha venido repitiendo en sucesivas matanzas contra dalits en la región: "Los tribunales inferiores condenaban (a los acusados), pero la corte superior los absolvía, dándoles el beneficio de la duda".

"A veces siento que el poder judicial también es parcial en muchos de los juicios que hemos visto", subraya, al estar marcado por una mentalidad de casta.

Mientras, en Laxmanpur-Bathe, no olvidan.

Sumitra Devi estaba de viaje el día de la matanza. Cuando regresó encontró cadáveres esparcidos por el pueblo "y todo el mundo estaba en shock y lloraba". En su casa encontró el cuerpo de su suegro y su cuñada, a la que habían "disparado en el pecho".

"Por las tardes a veces había rumores de que 'volvían', y salíamos corriendo de nuestras casas. Así hemos vivido. Ahora, después de muchos años, hemos logrado algo de confianza", rememora Devi, de 40 años. "No permitiremos que nos hagan lo mismo".