La pandemia revela la explotación de migrantes que cuidan de ancianos en Austria

VIENA, Austria (EFE).- Jornadas interminables, sueldos bajos, poco reconocimiento social. Así es la situación de miles de extranjeras que cuidan de personas dependientes en Austria, y que el cierre de fronteras por la pandemia de coronavirus han sacado de la sombra, abriendo el debate de la importancia del trabajo de los inmigrantes. 

Unas 470 mil personas reciben en Austria ayuda económica para su cuidado. La inmensa mayoría son atendidos por sus familiares, a veces con ayuda puntual externa, o bien en residencias. 

Pero unos 33 mil reciben cuidados 24 horas al día prestados por unos 62 mil cuidadores, la inmensa mayoría mujeres extranjeras de Rumanía, Eslovaquia, Croacia y Hungría. 

CUIDADORAS EXTRANJERAS 

Estas mujeres suelen trabajar en Austria sin descanso, viviendo con las personas a las que cuidan, durante entre dos semanas y un mes, y luego pasan ese mismo tiempo en sus países. 

La pandemia ha cortado esa migración pendular, causando una falta de personal y obligando a las autoridades austriacas a reaccionar. 

Por un lado, se ha ofrecido a quienes estaban en Austria dinero extra para que no regresen a sus países y alarguen sus turnos. 

Por otro, se han fletado aviones especiales para traer a ese personal imprescindible, y el Gobierno está negociando que Rumanía y Hungría permitan que miles de rumanas puedan cruzar suelo húngaro en trenes especiales hacia Austria a primeros de mayo. 

Quienes quieran acogerse a esa opción, tendrán que pagar 230 euros para el transporte y los test de coronavirus. 

EXTRANJEROS NO. EXTRANJEROS SÍ 

Ese repentino interés en recibir extranjeros contrasta con la política antimigratoria del Partido Popular austriaco (ÖVP), que lidera el Gobierno desde finales de 2017, primero con los ultraderechistas del FPÖ (hasta mayo de 2019) y desde hace cuatro meses con los Verdes ecologistas. 

"Si los cuidadores y jornaleros son tan importantes, por qué están en lo más bajo de la escala", ha manifestado Werner Kogler, líder de Los Verdes, el partido con el que el ÖVP Gobierna desde enero, después de que el fracaso de una coalición con el ultranacionalista FPÖ provocará elecciones el pasado septiembre. 

En 2019, cuando el ÖVP gobernaba con el FPÖ, se decidió "recortar la ayuda familiar que reciben los empleados extranjeros cuyos hijos viven en sus países de origen, una medida que afectó a 130 mil menores, muchos de ellos hijos de esas mismas cuidadoras. 

El Tribunal de Justicia de la Unión Europea estudia si eso es discriminatorio, aunque el Gobierno austriaco ha dicho que no dará marcha atrás voluntariamente, ni siquiera tras el debate abierto ahora sobre la importancia de los trabajadores extranjeros. 

CERO INGRESOS 

Pero si el cierre de frontera ha dejado a miles de familias austriacas sin una asistencia esencial, también ha dejado a miles de mujeres sin unos ingresos imprescindibles. 

"Llevo desde el 3 de marzo en Rumanía sin trabajar. Esperamos a que las fronteras se abran para poder viajar", lamenta en charla telefónica con Efe Cornelia Mariana Igas, de 38 años. 

Igas, que trabaja como cuidadora desde hace tres años en Austria, describe su trabajo como extremadamente duro, física y mentalmente. 

Son cuidadoras, limpiadoras y cocineras, pero también hay mujeres que tienen que hacer de enfermeras, incluso suministrando medicamentos, y hasta de psicólogas, consolando a pacientes que, en muchos casos, tienen poco contacto con su familia. 

"He tenido un paciente que no podía dormir y tenía que atenderlo toda la noche. Y al día siguiente hay que estar en forma para seguir trabajando", cuenta Igas. 

Todo por sueldos que en la mayoría de los casos no llegan a 1.000 euros al mes. Y si no trabajan, no cobran. 

Igas relata que aunque hay familias con las que la relación es buena, otras tratan a las cuidadoras como meras criadas. 

EXPLOTACIÓN Y FALTA DE TRANSPARENCIA 

El 99 % de las cuidadoras de 24 horas están registradas como autónomas y en condiciones que pueden calificarse de "poco transparentes" cuando no directamente de explotación, explica a Efe Silvia Rosoli, experta de la Cámara de Trabajadores de Viena, una organización que representa a los asalariados. 

Rosoli explica que el principal problema es la falta de normativas claras, tanto en Austria como en la Unión Europea. 

Tras la caída del Telón de Acero en 1989, miles de mujeres de antiguos países comunistas empezaron a trabajar ilegalmente en Austria, una situación que se prolongó hasta que en 2007 un encendido debate político forzó una regularización, que consistió prácticamente en hacerlas autónomas para abaratar el servicio. 

AGENCIAS INTERMEDIARIAS 

El sistema está controlado hoy día por docenas de agencias intermediarias, tanto en Austria como en los países de origen de las cuidadoras, que actúan como empleadores sin ninguna transparencia, en un modelo que Rosoli califica de "mafioso". 

Igas confirma que son las agencias lo que lo deciden todo, sin que haya normas ni estándares claros: cuánto se cobra, las condiciones, el tipo de contrato, el importe de las comisiones. 

Algunas, explica esta cuidadora, imponen incluso a usar y pagar por el transporte que las propias agencias establecen, y otras obligan a pagar hasta 700 euros de comisiones por adelantado. 

Por eso, Rosoli reclama más claridad legal en Austria y "directrices europeas para regular a esas agencias también en Rumanía o Croacia". 

Sin embargo, Rosoli afirma que el Gobierno tiene poco interés. 

"Se trata sólo de explotarlas. El Gobierno quiere traerlas porque las necesitamos. Porque, aparentemente, nadie quiere hacer en Austria ese trabajo duro por poco salario", resume, recordando que regularizar la situación haría que el servicio fuera más caro. 

"Eso no lo quiere la gente. Queremos mano de obra barata", dice. 

Al menos, el Gobierno parece haber escuchado la petición de varias asociaciones religiosas y sociales, y ha anunciado que buscará una solución para que puedan recibir las ayudas aprobadas para paliar los efectos económicos de la pandemia.