LONDRES, Inglaterra, febrero 16 (ANSA/EL UNIVERSAL).- Un nuevo escándalo y más vergüenza para el primer ministro laborista británico, Keir Starmer, tras el escándalo en torno a la relación entre el exministro Peter Mandelson, a quien nombró embajador en Estados Unidos, y el fallecido intermediario estadounidense de pedófilos Jeffrey Epstein.
Labour Together y las acusaciones de espionaje
Esta vez, lo que está en juego son las acusaciones de espionaje contra periodistas inoportunos que surgieron en los medios contra Labour Together, un "think tank" promovido por los herederos del Nuevo Laborismo de Tony Blair, que en los últimos años allanó el camino para el ascenso al poder de Starmer.
El "think tank" estuvo dirigido en su momento por Morgan McSweeney, el poderoso exjefe de gabinete y mano derecha del primer ministro, quien se vio obligado a dimitir hace días debido a sus estrechos vínculos con Mandelson.
Detalles del caso y reacciones políticas
El caso se refiere a un pago de 30.000 libras esterlinas que, según informes, Labour Together realizó a una firma de investigación privada, Apco Worldwide, encargada de espiar al equipo editorial del "Sunday Times" con el fin de descubrir las fuentes y los orígenes de una investigación periodística que expuso la existencia de donaciones no declaradas a la campaña de Starmer, planteadas por el "think tank" antes de las elecciones generales de 2024.
La ministra de Tecnología, Liz Kendall, al ser interrogada hoy por televisión, finalmente prometió una investigación interna del gobierno sobre estas acusaciones.
Este compromiso, sin embargo, es tardío e insuficiente según toda la oposición. Desde Kevin Hollinrake, presidente del Partido Conservador, quien califica el incidente de un escándalo más y una "preocupante muestra de desprecio por la prensa libre", hasta los activistas independentistas escoceses del Partido Nacional Escocés (SNP), quienes exigen la destitución del ministro Josh Simons, coordinador adjunto de la Oficina del Gabinete, quien dirigía Labour Together en el momento del presunto espionaje.
Habiendo escapado hasta ahora a los temores de una revuelta interna inmediata contra su liderazgo, Starmer sigue lejos de estar a salvo, según los periódicos, a pesar de sus últimas declaraciones en las que afirmó que tiene la intención de permanecer en su puesto hasta las próximas elecciones generales programadas -salvo una votación anticipada- en 2029.
Muchos analistas políticos consideran decisivo el resultado de las elecciones locales de mayo -que, según las encuestas, probablemente serán una derrota para el Partido Laborista-, y más el de las temidas elecciones parciales del 26 de febrero para un escaño en el Parlamento en una circunscripción históricamente segura para el partido en el norte de Inglaterra.
Mientras tanto, se multiplican las especulaciones sobre los candidatos sucesores, y el Telegraph mencionó recientemente al actual ministro de Defensa, John Healey, como un posible compromiso entre el ala moderada del Partido Laborista y sus miembros más progresistas.